domingo, 6 de octubre de 2019

Día 6: Fornido

Sus audífonos estaban al máximo volumen introduciendo música pesada por sus oídos, las pulsaciones por minuto lo estimulaban para seguir adelante y marcaban el paso para continuar con sus ejercicios. Alfonso utilizaba el sonido del doble pedal de la batería para contar intervalos entre repeticiones y se detenía en los solos de guitarra para tomar agua y disfrutar el sentimiento de endorfína corriendo por su sangre.

Sentía el latir de su corazón en la parte de atrás de su cabeza, lo cual significaba que iba a ser un buen día. Eran las cinco de la mañana y Alfonso se encontraba en el gimnasio realizando su rutina matutina antes de ir a trabajar. Nada que un poco de ejercicio cardiovascular y levantamiento de pesas no pueda inyectar energía para el resto del día. 

Su mayor placer era poder mirarse en el espejo todos los días y admirar los resultados de estar entrenando dos veces al día los siete días de la semana. El fruto que veía reflejado era el sacrificio de mucho tiempo, una estricta dieta y mucha disciplina. Ese cuerpo no se lo habían regalado sino que lo había ganado con el esfuerzo de años.

- Lastima que no me pueden ver ahora después de todo el cambio - dijo Alfonso mientras pasaba su mano por sus abdominales - Ya no soy el mismo gordito de antes que usaban para burlarse.- 

Detrás de esos músculos aún se encontraba un adolescente inseguro por su peso que vivió con el estigma de ser el chico con sobrepeso toda su vida. Siempre jugando la carta de que era un problema hormonal o que sus huesos eran grandes, pero en realidad detrás de todas esas excusas había una persona que se refugiaba en la comida para tratar de llenar un hueco. Lo apodaron ¨Alf el extraterrestre¨, ya que su cuerpo parecía más a la de un personaje de ¨Guerra de las Galaxias¨ que a un cuerpo humano. El punto más bajo fue cuando tuvo que alzarse la barriga para revisar si tenía puesta la faja en el pantalón, ya que no podía ver claramente.

Años de humillación mezclado con odio propio alimentaron los deseos de cambio. Al principio, todos se reían porque les parecía imposible que alguien de su tamaño bajara de peso pero eso sólo fue combustible para su necesidad de venganza. Cada vez que su aliento escapaba de su pecho y quería rendirse se acordaba de las caras de aquellas niñas que lo rechazaron por su físico. Cada mañana que sus músculos amanecían resentidos por la destrucción de sus fibras, él se imaginaba cómo iban a ser los resultados y eso lo impulsaba para seguir adelante.

Fue capaz de reducir un tercio de su masa corporal y mantenerse en ochenta kilogramos lo cual siempre se sintió como una meta imposible. Todos los días ese adolescente inseguro que vive dentro de Alfonso puede mirar los resultados de su trabajo y seguir canalizando su odio hacia su ejercicio. Lo que no sabe es que no está atrapado por su peso, sino por él mismo. Cada día que dedicaba a reducir de peso, se convertía en prisionero de su odio. Las personas que se burlaron de él durante años siguieron adelante con sus vidas, pero Alfonso siguió atrapado tomando el veneno mientras esperaba que los demás se murieran.

R.A.Pastor

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