Las posibilidades son infinitas y los medios más que suficientes, a pesar de eso, sigo callando aquellas palabras que tanto deseo expresar. Cada letra se transforma en concreto que se acumula detrás de mis dientes. Mi pecho se infla como si fuese a gritar a los cuatro vientos pero termina derrotado ya que el aire no sale por mi boca. ¿Pero por qué me está pasando esto a mí?
Desde la gradería, los espectadores comienzan a colocar sus apuestas. El hombre de gorra coloca su dinero a que es falta de valor, mientras que la señora pelirroja dice que está esperando al momento indicado. De la nada son interrumpidos por un hombre gordo gritando que eso es miedo y que se puede ver desde leguas. Si tan sólo supieran de aquella batalla que se libra dentro de mi cabeza, quizá, tan sólo quizá entenderían un poco las razones.
En realidad, no. ¿Por qué? Es fácil, ni yo entiendo el por qué. Los aficionados pueden estar en lo correcto, tal vez no tenga valor o quizá esté esperando el mejor momento o sencillamente tendré miedo de lo que pueda suceder. Todo eso y más repercute dentro de mi cráneo siendo contemplado y debatido por muchas voces que me animan o me disuaden de decir aquello que mi garganta está lista para decir. Todas aquellas voces son diferentes pero todas con mi tono de voz, es como si las palabras que mi cuerpo no dice, mi mente siente la necesidad de expresarlas entre mis oídos.
Estamos inmersos en una sociedad donde la mayoría de personas tienen el derecho de la libre expresión y toman plataformas como redes sociales para liberar sus voces internas, aunque estas no sean populares del todo. Entonces aquí estoy, haciendo una verborrea digital porque no encuentro la manera para decir todo lo que quiero decir.
Si tan sólo fuese una persona o una situación la que quiero exteriorizar, pero lamentablemente son años de palabras guardadas. Si tomaran una forma física, creo ser capaz de llenar una bodega con casetes y un reproductor con el parlante dañado. Son momentos como estos donde mis demonios internos se callan y dejan que mis manos escriban antes de que mi mente pueda pensar o defenderse con algún argumento plagado de miedo. Las yemas de mi mano hacen magia antes de que mi cerebro pueda formular una situación de ansiedad contemplando la opinión de mis lectores.
Quizá esto sea el inicio de algo bueno. Quizá solo sea la manera catártica que mi cuerpo ha encontrado para poder expresar todo aquello que esta encadenado encima de mis hombros. Esto fácilmente puede convertirse en una bomba molotov que se expande y abraza a todo dentro de sus llamas o puede ser una pequeña bengala que nunca prendió fuego. Sólo el tiempo podrá decir que sucederá. Con respecto a mis palabras atrapadas, vamos un paso a la vez. ¿Les parece?
R.A.Pastor