jueves, 30 de abril de 2020

Piroclástico

A veces uno no se da cuenta de los privilegios que tiene hasta que los pierde. No es un momento para hablar de temas sensibles de la sociedad, sino esas pequeñas cosas de la vida que hacen falta cuando desaparecen. Yo estaba consumido en una rutina diaria laboral, levantándome temprano y viajaba hasta la oficina. De las pequeñas bendiciones que tenía era estar trabajando con el aire acondicionado durante todo el día y no tener que preocuparme por ese sentimiento de calor.

Luego todo mágicamente cambió y ahora mi rutina de trabajo se ha reducido a levantarme y encender la computadora. Confinado dentro de cuatro paredes blancas y un ventilador como si fuese parte de un bioma exhibido en una feria científica. Conforme se mueve el reloj, el calor empieza a entrar por la única ventana y se convierte en aquella compañía que nadie desea.

Tengo que admitirlo, no soy una persona que maneje bien el sentimiento del calor. Quizá por la parte de sentir algo que no puedo controlar y que no puedo escapar fácilmente. Quizá porque siento que mi piel se convierte lentamente en un huevo frito. Quizá mi cerebro que está cambiando de un estado gelatinoso a un estado líquido me pide ayuda.

Cuando hace calor el tiempo se convierte más lento, pero mi mente envía señales de ayuda como si fuese una tormenta eléctrica. Ideas sin sentido que aparecen y se convierten en una propuesta triunfal. Tal es el caso de querer abrazar la pared para tratar de transferir el calor, o peor aún, escribirle a esa persona que amo en secreto esperando que su fría indiferencia me calme un poco. 

Es de manera contraintuitiva que decido hacer lo opuesto de lo que mi cuerpo me pide. A veces es necesario aceptar el calor para que este desaparezca. A veces hay que hacer cosas que parecen estúpidas en el momento para llegar a una conclusión. Ahí me encuentro sudando, tomando una taza de café mientras mi cuerpo se regula a sí mismo. Quizá la metáfora perfecta para conversar durante estos tiempos de aislamiento. Tal vez simplemente odio el calor y no dejo de pensar en eso.

R.A.Pastor

martes, 28 de abril de 2020

28 de Abril?

Sé que hoy es Martes, porque tuve clases
La misma clase desde principios de Enero.
Lo confirmo porque escuché la misma voz
Esa voz irritante del compañero de ese curso.

Una parte de mi sabe que es de noche,
a pesar de que no he abierto las cortinas en días.
Lo reconozco por el frío del aire
pero más que todo por la pesadez de mis ojos.

Antes sólo tenía que prestar atención a los sonidos
para saber que momento del día era.
Los vendedores durante la mañana
y los adolescentes gritando por la tarde.

Sé que hoy es veintiocho de Abril
porque mi calendario lo dice.
Confirmado por mi teléfono y mi computadora
Quienes me han acompañado.

Esa es la fecha, a pesar de que mi cerebro no lo cree.
El tiempo pasa de manera distinta encerrado
dentro de cuatro paredes que se hartan de verme.
Una linea para simetría.

Mi piel se siente distinta pero no desde afuera
sino desde adentro cómo si me picara.
Soy capaz de arrancarme la piel,
si eso significara que se detuviera.

Mi mente va a mil por hora,
alimentado por café y glucosa
Los pocos placeres gustosos que tengo
en una cárcel vigilada por mi consciencia.

Vivo alimentándome de mis propios recuerdos
o de fantasías que provienen de una pantalla
Ideas sobre conocer a alguien
limitados por los kilómetros de distancia.

Durante la tarde tomo té acompañado
conozco mejor a mis demonios
y ellos se toman la molestia de responder
ya no tengo miedo de estar solo.

Mi espalda me duele y mis ojos lloran
Siento cada músculo pesado
y ahora más que antes en mi vida
añoro un abrazo y un beso.

Hay una luz al final del túnel
por eso sigo escribiendo aquí
en esta calle abandonada
con la intención de llegar a algún lugar.

R.A.Pastor

martes, 7 de abril de 2020

Cementerio

Es tan difícil volver acá, especialmente a un lugar que es la viva prueba que no tengo consistencia y que no puedo continuar nada fuera de la etapa del impulso. Entro a este lugar como si fuese una gran derrota, con vergüenza y mi ánimo caído. Pero hoy, a diferencia de otros días, realmente no importa. No tengo la fuerza para ponerme a pensar en esos detalles. Hoy vuelvo a este cementerio de palabras para enterrar un cadáver del pasado, una carga que estuvo conmigo durante mucho tiempo.

¿Nunca han sentido que se encuentran encadenados a algo que no los deja avanzar? En mi caso, yo estaba encadenado a mí mismo. Pensando estúpidamente en que las cosas iban a ser diferentes. Un idealismo que me enseña tengo las de perder en cada situación.

Se me viene a la mente el recuerdo de tantas veces como niño cuando mi mamá decía que era tan especial, tan inteligente y tan lindo. Increíble cómo las mamas ven el mundo con una perspectiva de amor en vez de realismo. No hay hijo malo, ni hijo feo. Casualmente yo crecí para darme cuenta que había creado expectativas más altas de las que realmente podía cumplir. Siempre creí que podía más, que era alguien que era capaz de hacer las cosas pero la realidad me enseñó que no era así.

Hoy estoy tratando de cerrar un ciclo que lleva más de seis años, con aquella persona que pensé que iba a ser la madre de mis hijos. Con quien me imaginé pasando el resto de mis días. La misma persona que por mucho tiempo me trajo abajo y construyó monstruos dentro de mi subconsciente. Esa mujer que no sólo me hizo cuestionar mis decisiones de vida, mis decisiones amorosas pero también me condujo a preguntarme si valía la pena estar vivo del todo. Una persona que con una mano decía que me amaba pero con la otra me despojaba de todo valor y pasaba diciendo que yo era insignificante.

Al final no vengo a este cementerio a enterrar esa relación y pretender que nada sucedió. No quiero huir de un duelo, sino quiero abrazarlo y aceptarlo cómo mi lado oscuro. Sin embargo, quiero dejar atrás a ese cadáver de persona que he estado acarreando durante tiempo. Quiero autoinmolarme para renacer de mis cenizas. Aunque en realidad no soy un fénix, no soy un personaje mitológico y quizá de ahí debo de empezar. Entender finalmente que soy una persona más en el promedio, nada sobresaliente ni especial. Uno más del montón y liberarme de esa presión autoimpuesta.

Siento el cuerpo pesado y el ánimo caído. Nada me hace feliz y sólo quiero dormir para que pasen los días hasta que finalmente todo se arregle. La peor parte es que conozco suficiente ese camino para entender que nada sucede por arte de magia. Por lo menos los cambios no suceden de esa manera. Esta vez lo tengo que hacer solo y sin público. Nadie en las bancas gritando mi nombre animándome a seguir adelante. En esta aventura estoy solo y creo que ya es hora de hacerme la idea de que estaré solo por mucho tiempo o inclusive por el resto de mi vida y que eso no es nada malo.

R.A.Pastor