sábado, 22 de agosto de 2020

La bola y la caja

Una vez escuché que el duelo es como tener una bola dentro de una caja cerrada. Dentro de esta caja, existe un botón de dolor, y que cada vez que la bola en su interior oprime este botón, uno sufre el duelo. Al principio el tamaño de esta esfera es tan grande que casi ocupa la totalidad del interior de dicha caja, inevitablemente con cada movimiento va a tener contacto con el botón. Pero la moraleja de esta metáfora menciona que la bola va disminuyendo de tamaño con el tiempo. Entre más pequeña, más baila dentro de la caja, pero a la vez menor es la probabilidad de que vuelva a tocar aquel botón. Existirán momentos en el cual será inevitable que colisione uno contra el otro, pero así es la vida, porque al final ese botón nunca desaparece. 

Es interesante, ya que en estos últimos días he estado pensando mucho sobre esta metáfora. Quizá no es por coincidencia, tomando en cuenta que he sentido como ese botón se oprime frecuentemente. No sé si alguna vez les ha sucedido, que están realizando cualquier acción mundana de su día a día, y dentro de su cabeza terminan reviviendo una situación dolorosa. No es algo espontáneo, al contrario, es un una secuencia de ideas que te succionan dentro de un torbellino. Cuando uno menos se da cuenta se encuentra reviviendo ese momento único y especial, que permite que se abran las compuertas y entre toda la melancolía. 

Existen momentos en que puedo salir a flote, y lograr que mi mente se mantenga ocupada con un hilo superfluo de ideas. Otros momentos no soy tan afortunado, ya que termino reviviendo esos momentos que más me duelen en silencio. El último abrazo, sus últimas palabras o peor aún aquella pelea que nunca resolvimos. Eso es lo más doloroso de ese botón, porque cada vez que se oprime convoca dentro de la mente las imágenes más bellas de aquello que se perdió. El dolor es auto infligido por quedarse en la tierra del pasado.

Definitivamente este año ha sido difícil para todos, con noticias negativas en cada pantalla y dolor que se escupe con cada frase. Ocho meses y no sé determinar si es la bola o la caja que está disminuyendo de tamaño. Al final no sé y creo que no me importa. Hoy no hay mensaje positivo de optimismo y una ilusión de un futuro verdadero, la realidad es que estoy exhausto manejando lo que se encuentra entre mis orejas para pensar en un mañana color rosa. Quizá no tengo optimismo, pero me sobra fuerza. El único día fácil fue ayer, y al día de hoy se puede sobrevivir.

R.A.Pastor 

domingo, 3 de mayo de 2020

Pablo y Catalina

El café se está enfriando y el sol lanza sus últimos recordatorios antes de ocultarse en el horizonte. El viento movía las cortinas de la sala realizando un pequeño espectáculo de sombras en la pared. Los colores tenues del atardecer iban desapareciendo, como si fuesen absorbidos por la pintura. La oscuridad iba avanzando poco a poco dentro de la pequeña habitación. Era hora de que Pablo se levantara y prendiera las luces, pero algo dentro de él no le permitía moverse. 

-Un domingo, de todos los días escogió un domingo - salieron las palabras entre los dientes de Pablo. Quizá era la falta de luz, pero no parecía que sus labios se hayan movido. 

A la par de la taza de café se encontraba su teléfono celular, que parecía ser la única fuente de luz en la sala. En su pantalla estaba una foto de una mujer abrazando a Pablo. Ambos se encontraban fuera de un bar sonriendo, cómo si hubiese sido la mejor noche de sus vidas. Era visible que los años habían pasado desde esa fotografía, Pablo no tenía su característica barba y tenía varios kilos menos que ahora. Cada vez que el teléfono empezaba a perder su luz, Pablo lentamente movía su dedo y lo colocaba en la pantalla en un intento de no perder esa imagen.

- Maldita sea Catalina - suspiró mientras formaba un puño sobre la mesa. Cerró sus ojos y se concentró en su respiración, así como la terapeuta había recomendado. Sus músculos empezaron a temblar, cómo si su cuerpo se preparara para salir corriendo, pero él permaneció sentado. -¿Por qué tenía que darme cuenta de esta manera Catalina?

Aquel teléfono que mostraba la fotografía comenzó a vibrar, la pantalla mostraba un número no familiar que estaba llamando. La noche estaba tan silenciosa que el único sonido era el teléfono bailando sobre la mesa con su vibración. Movimientos pequeños y rítmicos trataban de llamar su atención, pero él no quiso abrir los ojos. En ese instante miles de pensamientos surcaban su mente cómo si fuese tormenta eléctrica, pero lo único que sabía con certeza es que en ese momento no se sentía listo de hablar con nadie. 

El celular se quedó quieto y su pantalla volvió a reflejar aquella foto de felicidad entre Pablo y Catalina. Luego como lluvia de Setiembre empezaron a entrar mensajes del mismo número. ¨¿Ya te contaron lo que pasó?¨, ¨¿Estás bien?¨ y ¨No voy a dejar de llamar hasta que contestés.¨ se podían leer en las pestañas de notificaciones.

De nuevo, el teléfono volvió a vibrar mostrando el mismo número. Por más que Pablo deseara ignorarlo conocía la intención detrás de esa llamada. Perseverancia se convirtió en el nombre del juego, mientras las llamadas entraban y se perdían, para entrar nuevamente en un ciclo que parecía no tener fin. Pablo desistió y con el desencanto que habitaba en su cuerpo decidió tomar la llamada. 

- ¿Qué? - respondió de manera cortante con tonos de hostilidad y resentimiento mezclados dentro de la oración. - Si, ya me enteré de lo que pasó. La hermana de Catalina me llamó al rato de que sucedió, tengo que admitir que se sintió muy raro volver a hablar con ella después de tanto tiempo. - prosiguió Pablo mientras aquella hostilidad era poco a poco sustituida por melancolía. 

- Si, yo hablé con Catalina hace un par de días. Empezó a hablarme de la nada porque dijo que había soñado conmigo y luego pasamos el resto de la mañana poniéndonos al corriente de lo que ha pasado últimamente en nuestras vidas.- 

Pablo se quedó en silencio, de lejos parecía que estaba poniendo atención a lo que decía la otra persona en el teléfono. La realidad es que su mente se encontraba divagando entre memorias del pasado. Él estaba convencido de que podía escuchar la risa de Catalina a lo lejos, como si estuviese al final de la calle de su barrio. Bajó el teléfono con la intención de poder escuchar mejor, para darse cuenta que estaba confundiendo el ladrido de unos perros. La voz en el celular empezó a gritar tratando de llamar su atención en un intento de que el volviera a la conversación que tenían antes.

- Aquí estoy, si estoy poniendo atención - dijo Pablo de manera automática. - Bueno no, perdón. La verdad es que no estoy bien. Aún no puedo asimilar la noticia. Jamás pensé que algo así pudiese pasar.- Su voz empezó a debilitarse y su mente decidió que era momento de superar el asombro y aceptar los hechos. 

- Yo sé que nosotros cuando terminamos no fue de la mejor manera, pero se lo juro que hace un par de días que hable con ella todo parecía estar bien. Me contó que le estaba yendo muy bien en su nuevo trabajo y que todo estaba tranquilo. Jamás me hubiese imaginado que días después de esa conversación ella se iba a suicidar.- Pablo intentaba respirar con la esperanza de mantener las lágrimas dentro pero el dolor se le subió a los ojos y no lo pudo controlar.

- Maldita sea Catalina. ¿Por qué? - se preguntaba mientras lloraba y dejaba caer su teléfono. La conversación ya no era importante, mucho menos la etiqueta de terminar la llamada. Pablo sólo sentía un dolor agudo en el pecho. Quería vomitar, pero sentía que tenía un nudo en su garganta. Aquella mujer que alguna vez pensó que iba a compartir el resto de su vida había ingerido pastillas hasta perder la vida. 

A pesar de que era su ex novia, la odiaba por razones distintas. Dentro de su cabeza sólo la podía culpar a ella, por ser egoísta y dejarlo a él en este mundo de los vivos para sufrir. Ella era responsable por no comunicar lo que sentía y no buscarlo para obtener ayuda de su parte. La furia invadía el cuerpo de Pablo, tal si fuese un veneno que corría por sus arterias. Poco a poco empezaba a sentir menos sus extremidades y su respiración se volvía cada vez más superficial. 

La única manera que tenía su mente de sobrellevar el trauma era disparando un ataque de pánico. Era su intento de reiniciar el sistema y mostrarle a Pablo que estaba equivocado. Poco a poco, las respiraciones se fueron normalizando y la paz volvía a lo que fue un cuerpo tenso. Las lágrimas de Pablo ahora eran de culpa, por pensar que ella era una egoísta y por no ponerse en sus zapatos. El café ya estaba frío, la sala está completamente oscura. Es el momento de que Pablo intente continuar con su vida, para tener una historia interesante cuando vuelva a ver a Catalina.

R.A.Pastor


viernes, 1 de mayo de 2020

Su Sonrisa

Quiero escribir párrafos sobre su sonrisa
Poder expresar todo lo que siento al verla.
Pero cada vez que toco el teclado me pierdo.
Sólo imagino el momento, después de todo esto
pueda ver esa sonrisa en persona y no en fotos.
Llevo horas jugando a ser escritor
tratando de plasmar palabras complejas
con la intención de sonar sofisticado y educado.
La realidad es que mi pensamiento es sencillo
Este es otro caso de un hombre perdido,
extraviado dentro de su imaginación.
Pensando en todas las posibles situaciones,
tejiendo realidades entre sus orejas.
Fantaseando sobre aquello que es inalcanzable,
por lo menos en este momento en el tiempo.
Cada vez que toco el celular estoy tentado
de entrar a su perfil y ver sus fotos.
Se siente como una misión secreta
como un agente secreto de las películas,
permaneciendo en silencio desapercibido.
Creo que ese es el problema más grande,
que ella no sabe que me pierdo en su sonrisa
que veo esos ojos negros y me derrito.
Quizá el problema más grande de todos
es que quizá no quiero que sepa sobre esto.
Al final del día soy otro hombre más.
Otra persona con mucha inseguridad
Tengo mucho miedo al rechazo.
Cada día acepto mi apariencia física
¿Pero saben que sucede?
Cuando me pongo a ver su sonrisa,
todos mis miedos desaparecen
me olvido de mis propios demonios.
Ella me transporta a un lugar mejor.
Creo que hay algo en las sonrisas que me encantan.

R.A.Pastor

jueves, 30 de abril de 2020

Piroclástico

A veces uno no se da cuenta de los privilegios que tiene hasta que los pierde. No es un momento para hablar de temas sensibles de la sociedad, sino esas pequeñas cosas de la vida que hacen falta cuando desaparecen. Yo estaba consumido en una rutina diaria laboral, levantándome temprano y viajaba hasta la oficina. De las pequeñas bendiciones que tenía era estar trabajando con el aire acondicionado durante todo el día y no tener que preocuparme por ese sentimiento de calor.

Luego todo mágicamente cambió y ahora mi rutina de trabajo se ha reducido a levantarme y encender la computadora. Confinado dentro de cuatro paredes blancas y un ventilador como si fuese parte de un bioma exhibido en una feria científica. Conforme se mueve el reloj, el calor empieza a entrar por la única ventana y se convierte en aquella compañía que nadie desea.

Tengo que admitirlo, no soy una persona que maneje bien el sentimiento del calor. Quizá por la parte de sentir algo que no puedo controlar y que no puedo escapar fácilmente. Quizá porque siento que mi piel se convierte lentamente en un huevo frito. Quizá mi cerebro que está cambiando de un estado gelatinoso a un estado líquido me pide ayuda.

Cuando hace calor el tiempo se convierte más lento, pero mi mente envía señales de ayuda como si fuese una tormenta eléctrica. Ideas sin sentido que aparecen y se convierten en una propuesta triunfal. Tal es el caso de querer abrazar la pared para tratar de transferir el calor, o peor aún, escribirle a esa persona que amo en secreto esperando que su fría indiferencia me calme un poco. 

Es de manera contraintuitiva que decido hacer lo opuesto de lo que mi cuerpo me pide. A veces es necesario aceptar el calor para que este desaparezca. A veces hay que hacer cosas que parecen estúpidas en el momento para llegar a una conclusión. Ahí me encuentro sudando, tomando una taza de café mientras mi cuerpo se regula a sí mismo. Quizá la metáfora perfecta para conversar durante estos tiempos de aislamiento. Tal vez simplemente odio el calor y no dejo de pensar en eso.

R.A.Pastor

martes, 28 de abril de 2020

28 de Abril?

Sé que hoy es Martes, porque tuve clases
La misma clase desde principios de Enero.
Lo confirmo porque escuché la misma voz
Esa voz irritante del compañero de ese curso.

Una parte de mi sabe que es de noche,
a pesar de que no he abierto las cortinas en días.
Lo reconozco por el frío del aire
pero más que todo por la pesadez de mis ojos.

Antes sólo tenía que prestar atención a los sonidos
para saber que momento del día era.
Los vendedores durante la mañana
y los adolescentes gritando por la tarde.

Sé que hoy es veintiocho de Abril
porque mi calendario lo dice.
Confirmado por mi teléfono y mi computadora
Quienes me han acompañado.

Esa es la fecha, a pesar de que mi cerebro no lo cree.
El tiempo pasa de manera distinta encerrado
dentro de cuatro paredes que se hartan de verme.
Una linea para simetría.

Mi piel se siente distinta pero no desde afuera
sino desde adentro cómo si me picara.
Soy capaz de arrancarme la piel,
si eso significara que se detuviera.

Mi mente va a mil por hora,
alimentado por café y glucosa
Los pocos placeres gustosos que tengo
en una cárcel vigilada por mi consciencia.

Vivo alimentándome de mis propios recuerdos
o de fantasías que provienen de una pantalla
Ideas sobre conocer a alguien
limitados por los kilómetros de distancia.

Durante la tarde tomo té acompañado
conozco mejor a mis demonios
y ellos se toman la molestia de responder
ya no tengo miedo de estar solo.

Mi espalda me duele y mis ojos lloran
Siento cada músculo pesado
y ahora más que antes en mi vida
añoro un abrazo y un beso.

Hay una luz al final del túnel
por eso sigo escribiendo aquí
en esta calle abandonada
con la intención de llegar a algún lugar.

R.A.Pastor

martes, 7 de abril de 2020

Cementerio

Es tan difícil volver acá, especialmente a un lugar que es la viva prueba que no tengo consistencia y que no puedo continuar nada fuera de la etapa del impulso. Entro a este lugar como si fuese una gran derrota, con vergüenza y mi ánimo caído. Pero hoy, a diferencia de otros días, realmente no importa. No tengo la fuerza para ponerme a pensar en esos detalles. Hoy vuelvo a este cementerio de palabras para enterrar un cadáver del pasado, una carga que estuvo conmigo durante mucho tiempo.

¿Nunca han sentido que se encuentran encadenados a algo que no los deja avanzar? En mi caso, yo estaba encadenado a mí mismo. Pensando estúpidamente en que las cosas iban a ser diferentes. Un idealismo que me enseña tengo las de perder en cada situación.

Se me viene a la mente el recuerdo de tantas veces como niño cuando mi mamá decía que era tan especial, tan inteligente y tan lindo. Increíble cómo las mamas ven el mundo con una perspectiva de amor en vez de realismo. No hay hijo malo, ni hijo feo. Casualmente yo crecí para darme cuenta que había creado expectativas más altas de las que realmente podía cumplir. Siempre creí que podía más, que era alguien que era capaz de hacer las cosas pero la realidad me enseñó que no era así.

Hoy estoy tratando de cerrar un ciclo que lleva más de seis años, con aquella persona que pensé que iba a ser la madre de mis hijos. Con quien me imaginé pasando el resto de mis días. La misma persona que por mucho tiempo me trajo abajo y construyó monstruos dentro de mi subconsciente. Esa mujer que no sólo me hizo cuestionar mis decisiones de vida, mis decisiones amorosas pero también me condujo a preguntarme si valía la pena estar vivo del todo. Una persona que con una mano decía que me amaba pero con la otra me despojaba de todo valor y pasaba diciendo que yo era insignificante.

Al final no vengo a este cementerio a enterrar esa relación y pretender que nada sucedió. No quiero huir de un duelo, sino quiero abrazarlo y aceptarlo cómo mi lado oscuro. Sin embargo, quiero dejar atrás a ese cadáver de persona que he estado acarreando durante tiempo. Quiero autoinmolarme para renacer de mis cenizas. Aunque en realidad no soy un fénix, no soy un personaje mitológico y quizá de ahí debo de empezar. Entender finalmente que soy una persona más en el promedio, nada sobresaliente ni especial. Uno más del montón y liberarme de esa presión autoimpuesta.

Siento el cuerpo pesado y el ánimo caído. Nada me hace feliz y sólo quiero dormir para que pasen los días hasta que finalmente todo se arregle. La peor parte es que conozco suficiente ese camino para entender que nada sucede por arte de magia. Por lo menos los cambios no suceden de esa manera. Esta vez lo tengo que hacer solo y sin público. Nadie en las bancas gritando mi nombre animándome a seguir adelante. En esta aventura estoy solo y creo que ya es hora de hacerme la idea de que estaré solo por mucho tiempo o inclusive por el resto de mi vida y que eso no es nada malo.

R.A.Pastor