domingo, 3 de mayo de 2020

Pablo y Catalina

El café se está enfriando y el sol lanza sus últimos recordatorios antes de ocultarse en el horizonte. El viento movía las cortinas de la sala realizando un pequeño espectáculo de sombras en la pared. Los colores tenues del atardecer iban desapareciendo, como si fuesen absorbidos por la pintura. La oscuridad iba avanzando poco a poco dentro de la pequeña habitación. Era hora de que Pablo se levantara y prendiera las luces, pero algo dentro de él no le permitía moverse. 

-Un domingo, de todos los días escogió un domingo - salieron las palabras entre los dientes de Pablo. Quizá era la falta de luz, pero no parecía que sus labios se hayan movido. 

A la par de la taza de café se encontraba su teléfono celular, que parecía ser la única fuente de luz en la sala. En su pantalla estaba una foto de una mujer abrazando a Pablo. Ambos se encontraban fuera de un bar sonriendo, cómo si hubiese sido la mejor noche de sus vidas. Era visible que los años habían pasado desde esa fotografía, Pablo no tenía su característica barba y tenía varios kilos menos que ahora. Cada vez que el teléfono empezaba a perder su luz, Pablo lentamente movía su dedo y lo colocaba en la pantalla en un intento de no perder esa imagen.

- Maldita sea Catalina - suspiró mientras formaba un puño sobre la mesa. Cerró sus ojos y se concentró en su respiración, así como la terapeuta había recomendado. Sus músculos empezaron a temblar, cómo si su cuerpo se preparara para salir corriendo, pero él permaneció sentado. -¿Por qué tenía que darme cuenta de esta manera Catalina?

Aquel teléfono que mostraba la fotografía comenzó a vibrar, la pantalla mostraba un número no familiar que estaba llamando. La noche estaba tan silenciosa que el único sonido era el teléfono bailando sobre la mesa con su vibración. Movimientos pequeños y rítmicos trataban de llamar su atención, pero él no quiso abrir los ojos. En ese instante miles de pensamientos surcaban su mente cómo si fuese tormenta eléctrica, pero lo único que sabía con certeza es que en ese momento no se sentía listo de hablar con nadie. 

El celular se quedó quieto y su pantalla volvió a reflejar aquella foto de felicidad entre Pablo y Catalina. Luego como lluvia de Setiembre empezaron a entrar mensajes del mismo número. ¨¿Ya te contaron lo que pasó?¨, ¨¿Estás bien?¨ y ¨No voy a dejar de llamar hasta que contestés.¨ se podían leer en las pestañas de notificaciones.

De nuevo, el teléfono volvió a vibrar mostrando el mismo número. Por más que Pablo deseara ignorarlo conocía la intención detrás de esa llamada. Perseverancia se convirtió en el nombre del juego, mientras las llamadas entraban y se perdían, para entrar nuevamente en un ciclo que parecía no tener fin. Pablo desistió y con el desencanto que habitaba en su cuerpo decidió tomar la llamada. 

- ¿Qué? - respondió de manera cortante con tonos de hostilidad y resentimiento mezclados dentro de la oración. - Si, ya me enteré de lo que pasó. La hermana de Catalina me llamó al rato de que sucedió, tengo que admitir que se sintió muy raro volver a hablar con ella después de tanto tiempo. - prosiguió Pablo mientras aquella hostilidad era poco a poco sustituida por melancolía. 

- Si, yo hablé con Catalina hace un par de días. Empezó a hablarme de la nada porque dijo que había soñado conmigo y luego pasamos el resto de la mañana poniéndonos al corriente de lo que ha pasado últimamente en nuestras vidas.- 

Pablo se quedó en silencio, de lejos parecía que estaba poniendo atención a lo que decía la otra persona en el teléfono. La realidad es que su mente se encontraba divagando entre memorias del pasado. Él estaba convencido de que podía escuchar la risa de Catalina a lo lejos, como si estuviese al final de la calle de su barrio. Bajó el teléfono con la intención de poder escuchar mejor, para darse cuenta que estaba confundiendo el ladrido de unos perros. La voz en el celular empezó a gritar tratando de llamar su atención en un intento de que el volviera a la conversación que tenían antes.

- Aquí estoy, si estoy poniendo atención - dijo Pablo de manera automática. - Bueno no, perdón. La verdad es que no estoy bien. Aún no puedo asimilar la noticia. Jamás pensé que algo así pudiese pasar.- Su voz empezó a debilitarse y su mente decidió que era momento de superar el asombro y aceptar los hechos. 

- Yo sé que nosotros cuando terminamos no fue de la mejor manera, pero se lo juro que hace un par de días que hable con ella todo parecía estar bien. Me contó que le estaba yendo muy bien en su nuevo trabajo y que todo estaba tranquilo. Jamás me hubiese imaginado que días después de esa conversación ella se iba a suicidar.- Pablo intentaba respirar con la esperanza de mantener las lágrimas dentro pero el dolor se le subió a los ojos y no lo pudo controlar.

- Maldita sea Catalina. ¿Por qué? - se preguntaba mientras lloraba y dejaba caer su teléfono. La conversación ya no era importante, mucho menos la etiqueta de terminar la llamada. Pablo sólo sentía un dolor agudo en el pecho. Quería vomitar, pero sentía que tenía un nudo en su garganta. Aquella mujer que alguna vez pensó que iba a compartir el resto de su vida había ingerido pastillas hasta perder la vida. 

A pesar de que era su ex novia, la odiaba por razones distintas. Dentro de su cabeza sólo la podía culpar a ella, por ser egoísta y dejarlo a él en este mundo de los vivos para sufrir. Ella era responsable por no comunicar lo que sentía y no buscarlo para obtener ayuda de su parte. La furia invadía el cuerpo de Pablo, tal si fuese un veneno que corría por sus arterias. Poco a poco empezaba a sentir menos sus extremidades y su respiración se volvía cada vez más superficial. 

La única manera que tenía su mente de sobrellevar el trauma era disparando un ataque de pánico. Era su intento de reiniciar el sistema y mostrarle a Pablo que estaba equivocado. Poco a poco, las respiraciones se fueron normalizando y la paz volvía a lo que fue un cuerpo tenso. Las lágrimas de Pablo ahora eran de culpa, por pensar que ella era una egoísta y por no ponerse en sus zapatos. El café ya estaba frío, la sala está completamente oscura. Es el momento de que Pablo intente continuar con su vida, para tener una historia interesante cuando vuelva a ver a Catalina.

R.A.Pastor


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