miércoles, 16 de octubre de 2019

Día 16: Salvaje

Desde que ambos se subieron al automóvil sabían lo que iba a pasar. Estaban lo suficientemente ebrios para dejar las formalidades de lado e ir directo al grano. Un poco hartos de estar gritando por encima de la música, además que sus cuerpos se comunicaban más por los bailes tan cercanos. Con un último trago para el camino decidieron salir para encender un cigarro y respirar un poco de aire fresco de ciudad. Los ojos de cada uno no dejaban de mirar el cuerpo del otro, como si tuviesen visión de rayos equis. En el momento en que la colilla del cigarro tocó el piso, ella alzó su brazo para convocar un taxi.

-¨Al motel más cercano¨- dijo ella desde el asiento de atrás con una sonrisa pícara. - ¨Sería bueno pasar a comprar unas cosas antes de entrar¨ - respondió él mientras le indicaba al conductor por dónde irse. 

Él se sentó adelante teniendo muy en cuenta que si la acompañaba los podían bajar del vehículo por conducta inapropiada. Con su mano derecha moviéndose hacia atrás intentó de acariciar sus piernas pero ella susurró diciendo que esperara un poco más. Luego de comprar preservativos y más alcohol entraron al motel, le pagaron al taxista y cerraron la cortina de acero en señal de una completa separación de la sociedad. 

Pasaron unos pocos minutos mientras entraban y revisaban todo lo que había en el cuarto. Él colocó el dinero en el cajón y las bebidas junto a la cama, al mismo tiempo ella camina hacia el baño para sorprenderse con la tina que estaba ahí. Un último mensaje para sus padres y avisarles que había llegado bien a la casa de su amiga y que ya se iba a acostar. Ella no había bajado el teléfono cuando el la sorprendió desde atrás empujándola contra la pared y besándole el cuello. 

Con una mano le corría la cabellera mientras que con la otra le sentía el pecho. Podía sentir como arqueaba su espalda y con su trasero buscaba su erección. En ese momento no había gentileza para abrir cada botón con paciencia, entre los dos fueron desnudándose poco a poco mientras descubrían más detalles en la piel del otro. 

Ella encontró la fuerza para moverse hacia la cama y con una sonrisa pícara le dijo -¨Forrate que te quiero adentro¨- el no dudó para acostarse encima de ella -¨Todavía no, aun faltan cosas que quiero hacer¨- dijo mientras bajaba con sus labios a besar los lunares, pasando su lengua por su ombligo y mordiendo lo interno de sus muslos. Ella no necesitaba de saliva para lubricarse, desde el taxi ella estaba húmeda esperando lo que iba a pasar. 

Mientras su lengua buscaba su clítoris, los ojos de ella no podían evitar ver hacia arriba como señal de placer. Sus manos sujetaban la sábana de la cama como si ella fuese a salir flotando del lugar. Él con sus brazos logra sujetar su cadera y se logra acoplar a los movimientos bruscos de su cuerpo. Era un delicioso juego de tira y encoje, dónde ella instintivamente se alejaba temblando del placer mientras él trababa de seguirla con su boca para no dejar que escape. 

Súbitamente el se aparta con su barba llena de fluidos para mirar lo que había causado. Ella tiene una sonrisa que no puede guardar mientas todavía sostiene la sábana con sus dos puños. El camina hacia su bolsa y abre el condón para colocárselo. -¨Ahora sí estoy listo¨- dijo mientras con sus dedos le ordenaba que se diera vuelta. Ella se apoyó en sus rodillas y se quedó viendo al espejo en la pared mientras sentía como él iba entrando lentamente. 

Después de darle una nalgada la sujetó de sus antebrazos y le ayudó a levantarse. Ella ya no tenía manera de apoyarse, estaba suspendida por el agarre mientras sentía el golpeteo de las caderas. Poco a poco el ritmo empezó a aumentar y ambos no podían mantener los gemidos dentro de sus cuerpos, escapaban buscando los oídos del otro para reafirmar que el final no estaba cerca. En un momento ella dejó su cuerpo caer de nuevo a la cama, decidió someterse completamente al sentimiento mientras cerraba los ojos. 

Los estímulos bombardeaban sus sentidos y sentía como la calidez empezaba a fluir por su cuerpo, sus músculos ya no podían tensarse. Por un momento, sus extremidades se convirtieron en fideos cocidos incapaces de moverse. Pero ese sentimiento sólo duró segundos porque sintió como una mano infiltraba por su nuca. Su fluidez fue interrumpida mientras él tiraba de su pelo para acercarla. -¨Todavía no terminamos, aún falta bastante como para perderte¨- dijo él mientras le susurraba al oído. 

Ese tirón de pelo fue como una inyección de adrenalina y fue suficiente para despertarle su instinto salvaje. Se separó de él y con toda su fuerza lo tiró contra la cama. Mientras le sujetaba las muñecas contra el colchón lo vio a los ojos y le contestó -¨Ahora es mi turno¨.- Él le contestó con una sonrisa de aprobación mientras ella tomaba las riendas del acto. Se sentía como toda una mujer empoderada, marcando el paso de un baile horizontal, y esas manos que tenía sujetas contra el colchón las dirigió hacia su pecho. Sentía cada gota de sudor en su espalda como bajaba en señal de victoria mientras el jugaba con sus pezones. 

Ya no le podía importar más sobre la condición de su peinado, mientras que el cabello no se interpusiera entre las miradas penetrantes que compartían en ese momento. -¨¿Confías en mí?¨- preguntó ella viéndolo directo a los ojos. Él asintió con su cabeza en señal de una declaración segura de su respuesta, pero fue sorprendido con una cachetada. - ¨Necesito escucharlo con tu voz. ¿Confías en mí, si o no?¨ - dijo ella con un tono de voz más serio reafirmando la importancia del consentimiento mutuo. -¨Claro que confío.¨- dijo él asegurándose de que ella escuchara.

Ella empezó a mover una de sus manos cerca del cuello de él, colocó un dedo en su boca y mientras él lo chupaba ella decidió aumentar el ritmo. La fricción no existía debido a la cantidad de líquidos que ambos generaron pero se podía escuchar cómo dos  cuerpos se golpeaban uno al otro. Ella tomó su otra mano y la dirigió de igual manera al cuello, podía sentir la nuez de Adán entre sus pulgares. Poco a poco fue apretando los costados, asegurándose de que aún pudiese respirar pero limitando la cantidad de sangre al cerebro. Él nunca había sentido algo parecido, entendía porqué ella casi se desvanece anteriormente y simplemente se entregó completamente al sentimiento.

Los gemidos se convirtieron en gritos y los cuerpos se sintonizaron bajo la misma frecuencia de energía. Ya no eran dos extraños en un motel con una idea egoísta, sino eran dos humanos que lograron conocerse y descubrir el verdadero placer mutuo. Un último grito de parte de ambos, mientras ella se desplomaba en su pecho. Ese momento genuinamente raro en que ambos estaban disfrutando de sus orgasmos con el palpitar de sus corazones en los oídos. 

Ambos se acostaron uno a la par del otro, en silencio. No porque no tuvieran nada de qué hablar, sino porque el momento les robó de la energía para expresar sus pensamientos. Ella fue la primera en levantarse, y con cada paso tembloroso se acercó a su bolso. Sacó los cigarros y el encendedor y caminó dos pasos para recoger el cenicero, para darse la vuelta y volver a la cama. Ambos prendieron su cigarro y se quedaron en silencio, escuchando cómo se quemaba el tabaco hasta que él empezó a reírse. No pasó mucho tiempo para que ella también se contagiara de esa risa, y el espacio que antes era inundado por gemidos y gritos ahora contenía risas y humo de cigarro. 

Ella lo volvió a ver y le preguntó -¨¿Te gustaría hacerlo de nuevo?¨. Él paró de reírse para contestarle el primer pensamiento que vino a su cabeza -¨Dame un chance para tomarme algo y recuperar el aliento, porque así como estoy no creo repetirlo¨- dijo mientras sonreía viéndola a los ojos -¨Pero claro que me encantaría repetirlo, estuvo impresionante¨.

R.A.Pastor

martes, 15 de octubre de 2019

Día 15: Leyenda

Cuentan los sabios que existe la leyenda
de una mujer que con su sonrisa
es capaz de derretir un corazón helado
hasta el más petrificado vuelve a latir.

Es cómo un ángel que descendió
desde lo más alto para bendecirnos,
mejorando el miserable día a día
de todos los mortales alrededor.

Cuando suenan sus tacones en el piso,
y el vaivén de sus caderas hipnotizan
el tiempo se detiene cuando se acerca
pero el pulso sólo se acelera.

Su cabellera dorada como el sol,
con bucles que parecen obras de arte
hilos de oro tan valiosos
que el viento se pelea para acariciarlo

Sus ojos con un café intenso
que con una mirada penetra el alma.
Su piel blanca adornada con tinta
haciendo interesante conectar los lunares.

Yo perdí la cabeza con verla,
existe un antes y un después de ella.
Si tan sólo fuera valiente para hablarle
pero honestamente me intimida.

Cómo un ser tan normal puede
tener la osadía de acercarse a lo divino
Por eso la miro desde lejos
deseando que algún día ella me vuelva a ver.

R.A.Pastor

lunes, 14 de octubre de 2019

Día 14: Descuidado

Las noches pasan y todo se siente igual. A pesar de que se siente que estoy atrapado en el tiempo, tengo la noción de que los días pasan. Todo parece un montaje de un cineasta amateur con los objetos moviéndose rápido a mi alrededor. Oigo las voces pero no las entiendo, veo los objetos pasar pero siento que no las observo. 

Mi cuerpo se siente pesado como si la gravedad aumentara a mi alrededor. No quiero levantarme de la cama, aunque dentro de mí yo entiendo que tengo cosas que hacer, yo no encuentro las fuerzas para seguir adelante con mi día. Llevo tanto tiempo acostado que el colchón está adoptando una forma de U y mis músculos piden un poco de ejercicio.

El pelo grasoso y negro trata de encontrar una forma cuando está pegado a la almohada, el sudor acumulado empieza a avisarle a mi nariz que es hora de una ducha. Las uñas largas raspan la piel muerta de mi frente, la epidermis pidiendo hidratación. Inhalo todo el aire que mis pulmones me permitan y tenso mi pecho para que mis abdominales me ayuden a levantarme. 

Cada paso se siente como si tuviera zapatos hechos de cemento. Mi espalda suena mientras busco la postura de una persona normal y cada articulación resiente la inactividad. Llego al baño para encontrarme una sorpresa poco grata, mi cara descuidada reflejada en el vidrio. No puedo dejar de ver cómo una barba dispareja le quita la simetría a mi rostro, cómo mi cuerpo tiene más imperfecciones o peor aún, cómo mi mirada perdió la luz que tenía antes.

Al entrar en la ducha, siento el agua tocando mi cuerpo tratando de limpiar la suciedad pero no lava lo oscuro que está adentro de mi cuerpo. Mientras el vapor inicia a llenar el aire dentro de las cuatro paredes, lo único que se siente son las ideas negativas corriendo a buscar un lugar para refugiarse del agua. Odio ducharme, no porque me guste estar sucio sino porque es el momento perfecto para reflexionar en situaciones ficticias que nunca van a suceder. Pensando en las mejores respuestas que nunca dije en una pelea, buscando el momento exacto en que todo se fue a la mierda o simplemente ahogándome en los recuerdos de aquellos momentos que quebraron mi aparato psíquico.

R.A.Pastor

domingo, 13 de octubre de 2019

Día 13: Cenizas

La naturaleza nos conduce por un camino predeterminado y nos seduce con repetir los mismos comportamientos de nuestros ancestros. Por más que uno trate de cambiar, siempre estará ese hilo jugando con nuestro cuerpo incitándonos a cometer los mismos errores de siempre. Algunos dirán que es parte de la naturaleza, otros dirán que es destino, pero no hay que sorprenderse cuando un dragón decida quemar todo a su paso. 
Al final, la causa no es tan importante cómo los hechos, ya que nadie le pregunta a un huracán por qué destruyó una isla completa, sólo se preocupan por hacer el recuento de los daños. En un momento fue poseído por la ira y la impotencia y decidió contemplar cómo todo ardía en llamas. Quemando recuerdos, palabras, acciones y puentes en su camino. 

Mientras estaba sentado rodeado de las cenizas de todo aquello que alguna vez amó y decidió destruir, se dio cuenta que la raíz de toda la destrucción no radica en la división entre amor y odio que sentía por esa persona tan especial. Debajo de todos los residuos carbonizados notó que el origen es desde su miedo. Pánico de que la historia termine y al final el dragón vuelva a estar solo mientras celebran su derrota con un beso que durará hasta que ambos sean felices para siempre. Quizá lo único que quería el dragón era convertirse en el protagonista heroico en vez del antagonista malvado.

R.A.Pastor

sábado, 12 de octubre de 2019

Día 12: Dragón

Desde pequeños nos venden la idea de que el dragón siempre es el antagonista de todas las historias heroicas. El protagonista debe vencer su miedo y tiene que matar a la bestia que le impide llegar a su destino final. Nos comentan de como el dragón que exhala fuego es peligroso y representa la maldad que hay que vencer. Cuando uno crece se da cuenta que ese dragón tiene distintas formas y colores. Lo más complicado de todo es que esa bestia malvada no siempre parece ser tan dañina. 

Una vez un dragón se convirtió en un hombre común y silvestre como cualquier otro, el problema es que ese hombre quiso intervenir dónde no le correspondía. Puso su mirada en una persona que se encontraba comprometida en una relación y sin escrúpulos ni asco decidió hacer lo posible para salirse con la suya. Su aliento de fuego se convirtió en dulces palabras que hipnotizaban los oídos y sus colmillos se transformaron en una sonrisa que invitaba al pecado.

El inicio fue como cualquier historia de lujuria, donde dos cuerpos querían conocerse en la intimidad. Preocupados únicamente por satisfacer sus fantasías para luego despedirse como desconocidos. El coqueteo podía encender un fósforo y cada día se intensificaba debido a la distancia entre los dos cuerpos. El dragón fue invitado por nuestro protagonista y el único deseo de batalla era debajo de las sábanas. 

El tiempo pasó y el poder del dragón se fue debilitando, y en el momento que menos esperaba sintió el ardor de una flecha en el corazón. Ya no estaba motivado completamente por sus deseos egocéntricos y hedonistas, ahora pasaba más tiempo pensando en esa otra persona y cómo colocar una sonrisa en su boca. A pesar de tener su cuerpo desnudo encima suyo, lo único que podía pensar era sobre la mañana siguiente y que quería despertar a su lado mientras abría los ojos.

De nuevo el dragón se encontraba en una encrucijada, enamorado de una persona que no estaba disponible. Sólo podía mirar al espejo y pensaba como la historia se repetía con un giro irónico. El gran fuerte y temible dragón estaba encadenado por culpa de su propio corazón y estaba siendo vencido por el protagonista sufriendo una de las peores muertes imaginables. 

R.A.Pastor

viernes, 11 de octubre de 2019

Día 11: Nieve

Desde que era pequeña Camila tenía un sueño que parecía inalcanzable, no porque ella no tuviese el potencial para lograrlo sino porque geográficamente era imposible que se cumpliera. En muchos programas de televisión miraba como todos los niños disfrutaban jugar con nieve. Dentro de su cabeza siempre se preguntaba por qué para la época de navidad su casa estaba seca y soleada en vez de cubierta de blanco por el invierno.

Conforme fue creciendo su cerebro entendió que en el país tropical en que vivía tenía la bendición de estar a una hora de distancia de un volcán y de la playa, que podía ser sorprendida por un temblor o un huracán pero que la nieve nunca iba a ser un regalo para navidad. Eso no mató su sueño, sino que se convirtió en el combustible para cruzar las fronteras y buscar copos de nieve.

Apenas salió del colegio, entró a los peores trabajos con tal de ahorrar lo suficiente para salir del país. Soportó atender malagradecidos que se quejaban de su comida, escuchar llamadas de extranjeros gritando por no recibir sus pedidos y hasta soportó ser asistente de un viejo pervertido. Cada moneda contaba con tal de poder cumplir su meta. 

La aventura apenas estaba iniciando cuando decidió dejar su país atrás y empacar su vida para empezar de cero en un país nevado. Los detalles los definiría cuando llegue a su destino, por el momento sólo tiene que preocuparse por el trayecto. Las horas se sentían interminables mientras cruzaba el Atlántico pero conforme fue acercándose a las montañas no pudo contenerse. 

Muchos dirían que sólo un comehuevos reacciona de tal manera, pero en ese momento, en su asiento de avión, comenzó a llorar como nunca lo había hecho. Sus lágrimas no eran saladas por dejar su vida atrás sino eran dulces porque estaba más cerca de su sueño. Tanto trabajo finalmente dio los resultados que ella tanto quiso.

R.A.Pastor

jueves, 10 de octubre de 2019

Día 10: Patrón

Carlos quizá no fue capaz de reconocer los detalles a tiempo, antes de que todo se derrumbara frente a él. Los extraños dirán que es muy fácil poder unir los puntos pero cuando uno está inmerso en la situación no tiene el poder de mirar todo desde esa perspectiva. Se puede decir que todo empezó desde su niñez, hijo único en una familia católica como cualquier otra en el vecindario. Su madre disfrutaba de ver novelas durante la tarde y su padre frecuentaba la misma cantina cada fin de semana. 

Quizá el pequeño Carlos lo normalizó, ya que nunca vio raro que su padre llegara borracho a altas horas de la noche, si es que llegaba del todo. Las primeras veces no entendía porqué su madre tenía marcas moradas en los brazos, fue hasta que creció un poco más que comprendió el abuso físico de su padre. 

-¨Tranquilo Carlos, es mi culpa por molestarlo¨-  dijo una vez su madre, -¨Yo lo hice enojar cuando estaba tomado y me merecí que me hiciera esto¨. Cuando terminó de decir esto, abrazó a su hijo para transmitirle amor aunque fuera del poco que quedaba en su corazón.

Carlos creció con la idea de que quería convertirse en lo opuesto a su padre y durante mucho tiempo tuvo un estilo de vida donde se alejó al alcohol porque pensaba que esa era la raíz de la violencia de su padre. Muy dentro de él había un deseo de superación que le empujaba a ser el esposo y el padre que nunca vio en su hogar mientras crecía.

Se rehusaba a tomar pero aunque no lo quisiera si heredó el mal carácter de su padre. Su temperamento era volátil y tenía facilidad para destruir la confianza que había construido con otras personas. Cuando la ira se apoderaba de su cuerpo su visión se reducía a un túnel y sus oídos sólo escuchaban lo que querían e ignoraban el resto. Un escalofrío inundaba su espalda conforme la adrenalina se esparcía por su cuerpo. 

Fue un poco tarde para Carlos para reconocer los patrones que se repetían con el tiempo. No hizo la conexión la primera vez que tiró un vaso hacia la pared por culpa de un comentario de su novia, mucho menos cuando ella le pidió perdón mencionando que era su culpa por enojarlo. Carlos se dió cuenta muy tarde, cuando las luces de las sirenas inundaban su sala y su novia ya no respiraba.

R.A.Pastor

miércoles, 9 de octubre de 2019

Día 9: Columpio

Tengo que admitir que no todos los días son tan buenos creativamente como otros. Hay días en que me siento como Hemingway escribiendo el mejor libro y en otro momento sosteniendo el rifle. Es normal tener días altos y bajos, es normal batallar con la depresión y no siempre ganar todas las peleas. A veces, como hoy, me tengo que forzar para terminar algo porque las fuerzas fueron drenadas. Siempre se me viene a la mente aquella caricatura que le quitan el color y queda en blanco y negro.

La vida es como un columpio, y no lo digo sólo para justificar el tema del día, sino porque muchas veces uno quiere llegar alto y se impulsa con todas las fuerzas. Siempre llega un momento en que la tensión en la cadena no es suficiente y uno puede caerse si sube mucho. Entre más uno lo piensa, más estresante se convierte. Tratar de llegar lo más alto posible, desafiando las posibilidades, haciendo lo posible para no caerse.

R.A.Pastor

martes, 8 de octubre de 2019

Día 8: Frágil

Sentado frente a un televisor
se encuentra un niño sentado
a no más de dos metros de distancia.
Sus ojos clavados en la pantalla
no le importa lo que está alrededor.
El cuarto oscuro es iluminado
por la estática proveniente de la máquina
La silueta del niño
dibujada en matices de grises y negros.
¿Pero qué está viendo?
Se ve a sí mismo en la pantalla
Una versión adulta en su vida
Cada paso, cada palabra
Observado por el niño.
Quiere gritar, quiere patalear
pero sabe que no lo van a escuchar.
Está harto de hablar al vacío
de llorar por alguien que no sabe
sobre la existencia del niño
frente a la pantalla.
Si tan sólo supieras el daño
que causas día a día con lo que haces.
Mi corazón es frágil pero aún no se rompe
yo estoy ahí para cuando necesites algo
sólo tienes que reconocerme
acordarte de mi existencia.
El niño ya no tiene lágrimas que derramar
pero tiene muchos abrazos por dar
El hecho que lo niegues no significa
que no existe y murió.
Está vivo y ahí estará cuando lo necesites.

R.A.Pastor


lunes, 7 de octubre de 2019

Dia 7: Encantado

Qué difícil es olvidar algo que está siempre presente. Mi abuela tenia razón que ojos que no ven, corazón que no siente. Pero por más que trato de escapar, me persigues. Me persigues y ni siquiera lo sabes, ni siquiera quieres. Desbloqueo mi teléfono y lo primero que aparece es una fotografía tuya. No es cualquier fotografía, sino en la que apareces más bella que nunca. Es impresionante que apareces en esa pequeña pantalla y el tiempo se detiene. Te ves absolutamente hermosa en esa fotografía junto a tu novio.

Creo que si lo sabes pero nunca es algo que se ha hablado abiertamente. Quizá lo sospeches por la manera en que te veo o por como siempre estoy pendiente si algo te sucede. Pero de mi boca nunca han salido las palabras por miedo. Lo admito, soy muy pendejo para tomar el primer paso y fallar. Es la historia de mi vida, querer a alguien pero no tener las agallas para admitir los sentimientos y preferir ser un personaje de reparto que el protagonista. 

Si tan sólo fuera algo pasajero o una fase donde pensé que eras atractiva, pero la realidad es que tengo tiempo de estar sintiendo cosas que no puedo explicar. Todo empieza con ver un estado tuyo o una foto en redes sociales y termina en una fantasía de presentarte a mi familia o hacer viajes al extranjero. Lo peor es que a veces siento que no lo puedo controlar, como si fuese un fuego y no calculé la cantidad de gasolina que le tiré.

Desde mi parte racional entiendo que estás en una relación con alguien más. Que en el mejor de los casos me quieres tener en tu vida pero no de una manera romántica o que simplemente no te sientes atraída a mí. Entiendo que quizá este sea el peor momento para exteriorizar estos pensamientos, pero la realidad es que necesito liberar la presión en mi corazón antes de que explote de la peor manera. Creo que necesito de tu ayuda. Necesito una manera de que mi cerebro pensante y consciente le explique a un corazón idiota y encantado que todo esto es una mala idea. Sinceramente quiero que esto se acabe pronto y pueda ser igual que con el resto de mis amigos.

R.A.Pastor

domingo, 6 de octubre de 2019

Día 6: Fornido

Sus audífonos estaban al máximo volumen introduciendo música pesada por sus oídos, las pulsaciones por minuto lo estimulaban para seguir adelante y marcaban el paso para continuar con sus ejercicios. Alfonso utilizaba el sonido del doble pedal de la batería para contar intervalos entre repeticiones y se detenía en los solos de guitarra para tomar agua y disfrutar el sentimiento de endorfína corriendo por su sangre.

Sentía el latir de su corazón en la parte de atrás de su cabeza, lo cual significaba que iba a ser un buen día. Eran las cinco de la mañana y Alfonso se encontraba en el gimnasio realizando su rutina matutina antes de ir a trabajar. Nada que un poco de ejercicio cardiovascular y levantamiento de pesas no pueda inyectar energía para el resto del día. 

Su mayor placer era poder mirarse en el espejo todos los días y admirar los resultados de estar entrenando dos veces al día los siete días de la semana. El fruto que veía reflejado era el sacrificio de mucho tiempo, una estricta dieta y mucha disciplina. Ese cuerpo no se lo habían regalado sino que lo había ganado con el esfuerzo de años.

- Lastima que no me pueden ver ahora después de todo el cambio - dijo Alfonso mientras pasaba su mano por sus abdominales - Ya no soy el mismo gordito de antes que usaban para burlarse.- 

Detrás de esos músculos aún se encontraba un adolescente inseguro por su peso que vivió con el estigma de ser el chico con sobrepeso toda su vida. Siempre jugando la carta de que era un problema hormonal o que sus huesos eran grandes, pero en realidad detrás de todas esas excusas había una persona que se refugiaba en la comida para tratar de llenar un hueco. Lo apodaron ¨Alf el extraterrestre¨, ya que su cuerpo parecía más a la de un personaje de ¨Guerra de las Galaxias¨ que a un cuerpo humano. El punto más bajo fue cuando tuvo que alzarse la barriga para revisar si tenía puesta la faja en el pantalón, ya que no podía ver claramente.

Años de humillación mezclado con odio propio alimentaron los deseos de cambio. Al principio, todos se reían porque les parecía imposible que alguien de su tamaño bajara de peso pero eso sólo fue combustible para su necesidad de venganza. Cada vez que su aliento escapaba de su pecho y quería rendirse se acordaba de las caras de aquellas niñas que lo rechazaron por su físico. Cada mañana que sus músculos amanecían resentidos por la destrucción de sus fibras, él se imaginaba cómo iban a ser los resultados y eso lo impulsaba para seguir adelante.

Fue capaz de reducir un tercio de su masa corporal y mantenerse en ochenta kilogramos lo cual siempre se sintió como una meta imposible. Todos los días ese adolescente inseguro que vive dentro de Alfonso puede mirar los resultados de su trabajo y seguir canalizando su odio hacia su ejercicio. Lo que no sabe es que no está atrapado por su peso, sino por él mismo. Cada día que dedicaba a reducir de peso, se convertía en prisionero de su odio. Las personas que se burlaron de él durante años siguieron adelante con sus vidas, pero Alfonso siguió atrapado tomando el veneno mientras esperaba que los demás se murieran.

R.A.Pastor

sábado, 5 de octubre de 2019

Día 5: Construir

Cada fin de semana que estoy con él se siente como una semana de vacaciones. Desde que llego el viernes del trabajo me puedo desconectar del mundo y consumirme en sus brazos sabiendo que siempre voy a tener un lugar cerca de su corazón. El tiempo cambia cuando estamos juntos y fuera de los confines de nuestro apartamiento nada existe.

Es raro decirlo en alto, nuestro apartamento, no es sólo el lugar dónde paso los fines de semana. Es mi hogar en el que puedo abrir los ojos en la mañana y saber que él está ahí aunque me mienta diciendo que no ronca en las noches. Nunca pensé que todo se fuera a juntar de esa manera, desde un inicio difícil y todos los problemas que tuvimos durante el camino pero estoy orgullosa de poder compartir un hogar con él.

Claro que no somos perfectos, pero poco a poco vamos trabajando para tener la mejor convivencia entre los dos. Él aun se enoja cuando le quito todas las cobijas al dormir y yo no tolero cuando deja el paño tirado fuera de la ducha. Pero estos no son más que pequeños detalles en un esquema mayor. Las posibilidades son infinitas y el mundo esta en nuestras manos. Tengo en claro que mientras ambos estemos dentro de estas cuatro paredes nada malo nos puede suceder.

La otra semana quiero ir a comprar cuadros para colocar en la sala o quizá aprovechar para buscar una alfombra antideslizante. Sueno como toda una señora cuando hablo de cosas tan hogareñas, pero poco a poco me doy cuenta que esto era lo que realmente quería. Tal vez en algún momento formalicemos todo y decidamos casarnos para que quede en un papel, pero la realidad es que no me hace falta eso para sentirme casada. 

Quizá él no se haya dado cuenta pero ya no me siento incómoda estando desnuda todo el día, antes por lo menos andaba una camiseta larga en los momentos en que no teníamos relaciones. Pero ahora, me siento libre de ser yo misma junto a él y ya no me acompleja que vea mis estrías, los rollitos o que aun no me he depilado. La manera en que me ve con tanto amor me inspira a amarme a mí misma con todos mis defectos.

Jamás me imaginé cuando lo conocí que iba a construir un hogar con él, la verdad no pensé que todo pasara a más que algo casual de una sola noche. Sencillamente existió una conexión distinta y se dejó que todo fluyera. No puedo decir que todo es el esfuerzo de sólo una persona sino un trabajo en equipo durante años que nos llevó a donde estamos. 

- Buenos días - dice él mientras bosteza y trata de ajustar sus ojos a la luz de la mañana - ¿Por qué me estás viendo así? ¿Tengo algo en la cara? ¿Estaba haciendo mucho feo dormido otra vez? - preguntó con una cara de confusión.
- No es nada tranquilo, estaba pensando cosas que no vienen al caso ahora.. - le respondió ella - ¿Qué te gustaría hacer hoy?
- Mi cosa favorita en el mundo.. - contestó rápidamente - morsear contigo.

R.A.Pastor

viernes, 4 de octubre de 2019

Día 4: Congelar

A pesar de que eran casi las tres de la madrugada y el resto de su familia estaba tranquilamente domida, Enrique no podía conciliar el sueño. Tenía horas de estar dando vueltas en la cama tratando de buscar un poco de descanso sin molestar a su esposa. La luz del reloj analógico le recordaba que cada vez tenía menos tiempo para descansar antes de alistarse para ir a trabajar. 

El problema es que Enrique no sabía si su siguiente día iba a ser su último en el trabajo. Las ideas dentro de su cabeza sonaban como un enjambre de avispas furiosas buscando cómo salir de ahí. Trató de contar ovejas y no funcionó, intentó poner su mente en blanco y parecía más como estática en un televisor malo. Era una pequeña tortura que debía de sufrir en silencio con tal de no molestar a la mujer que juró acompañarlo en lo bueno y lo malo.

Él tan sólo deseaba despertarla y contarle todo lo que aquejaba su cabeza pero sabía que podría ser la gota que derramara el vaso. Decidió que no podía estar más tiempo en la cama sin explotar, y al mejor de sus capacidades decidió caminar hacia la cocina para buscar algo que le permitiera callar los pensamientos en su cabeza. Sin dudarlo mucho agarró un paquete de cigarros de la mesa del desayunador y una botella de vino tinto para salir al patio de su casa con la esperanza de que se pudiera ver una estrella.

Enrique debido a su trabajo en una corporación trasnacional tenía un buen sueldo, el cual le permitió construir un hogar en un condominio de prestigio en la capital. La noche estaba tan callada que podía escuchar el tabaco como se quemaba poco a poco mientras inhalaba. No había necesidad de una copa para el vino porque inconscientemente sabía que iba a terminarse la botella solo. Se sentó en el piso de cerámica mientras buscaba la luna en un cielo con pocas nubes.

Por más que corriera de sus pensamientos, ellos eran más rápidos y siempre inundaban su cabeza. Su problema laboral podría convertirse en un punto de quiebre en su vida. Tan sólo quería encontrar una excusa para aplazar sus problemas pero sabía que no iba a poder escapar. Inclusive llegando a la oficina ebrio e incoherente no iba a ser una diferencia. Su destino estaba sellado y lo sabía desde que tomó la decisión de ayudar a sus jefes a ocultar el dinero de las cuentas.

Su primer cigarrillo se había terminado y antes de prender otro solo podía pensar en cómo le iba a explicar a su esposa que son años de estar cometiendo fraude fiscal o cómo explicarle a sus hijos que el dinero de su padre estaba congelado por las autoridades mientras realizaban las investigaciones. Lo peor de todo, es que el día siguiente podía ser su último día laboral, no porque lo fueran a despedir, sino porque podía ser el día en que la policía realizara un arresto y quizá no volvería a su hogar para explicar qué pasó. 

Eran meses en que silenciosamente llevaba esta carga y no podía decir una palabra a nadie. No comprendía quién era un aliado y quién era un traidor. Aquellos que ayudó durante años ahora le están dando la espalda para salvar su propio pellejo y cualquiera puede serruchar el piso en el que se encuentra con tal de obtener una reducción en su condena. Ya el vino y los cigarrillos no saben igual que antes pero se debe aprovechar todo lo posible antes de que no tenga la libertad para hacerlo.

R.A.Pastor

jueves, 3 de octubre de 2019

Día 3: Carnada

Con dinero en la billetera y con el corazón lleno de esperanza Antonio salió de su hogar esperando que esta noche de Jueves sea diferente a las demás. Ya han pasado un par de semanas desde que su exnovia le rompió el corazón y como uno no conoce al amor de su vida encerrado dentro de la casa tomó la decisión de salir a un bar a probar su suerte. 

Antonio no estaba en edades para ir a los bares donde frecuentan los universitarios para explotar las promociones de alcohol barato, en cambio el prefería ir a un lugar donde la música no fuera tan fuerte como para poder tener una conversación decente y quizá conocer a alguien. Según las recomendaciones en línea decide ir a un nuevo bar en la capital. Eran cerca de las nueve de la noche y la música endulzaba sus oídos haciéndolo olvidar que tenía que trabajar el día siguiente.

Decide acercarse a la barra y pedir una cerveza y un trago de ron con cola y mientras el cantinero prepara su orden decide mirar como puede a las personas presentes en el lugar. El lugar estaba iluminado por una mezcla de luz blanca y un tono morado, el cual le daba la impresión de un lugar sofisticado. En vez de sillas altas de bar habían muebles de cuero sintético y estaban ocupados por personas que se vestían un poco distinto a Antonio. Lo peor de todo, es que la mayoría se encontraba emparejada. 

Mientras toma su cerveza piensa que tal vez fue una mala elección de lugar y que podría tratar otro día. De repente escucha una voz junto a él pidiendo un whiskey doble y cuando vuelve a ver se encuentra a una mujer con el pelo negro como la noche y su piel blanca estaba casi cubierta por incontables tatuajes en todos colores. Antonio sintió que el tiempo se detuvo y que se le quedó mirando por horas de una manera muy incómoda. 

- Vanessa - dijo ella mientras Antonio cambiaba su cara de atónito a confundido. - Mi nombre es Vanessa por si te estabas preguntando, ¿y el tuyo? - agregó.
- Antonio, mucho gusto.. Perdón por la cara de idiota yo sé que es de las peores impresiones - mencionó mientras aterrizaba en la situación.

Quizá podemos culpar a la poca experiencia reciente o tal vez a que venía saliendo de una relación y por eso no sabía cómo empezar la comunicación. Pero en el momento en que el primer obstáculo se rompe, es más que suficiente para que su personalidad salga a relucir. Vanessa decidió sentarse junto a él y seguir platicando, pequeños detalles necesarios en cada introducción para poder remover el termino de desconocidos. ¿Dónde viven? ¿En qué trabajan? ¿Qué edad tienen? ¿Qué los trae por estos rumbos? Una miríada de preguntas fueron intercambiadas durante el curso de la noche y a la par de ellos se encontraban diferentes vasos y botellas de lo que habían consumido.

- ¿No te parece mejor ir a un lugar más cómodo para terminar de conocernos? - dijo Vanessa mientras le señalaba al cantinero que los próximos iban a ser los últimos tragos. 
- De acuerdo, pero primero tengo que ir al baño antes de irnos - respondió Antonio mientras se levantaba de su asiento. 

Dentro del baño se miró al espejo para darse una charla sobre valor y confianza, ya que no tenía a ninguno de sus amigos para que dijeran esas mismas palabras. Cambió un par de monedas por unos preservativos, orinó en el único orinal y miró confiadamente al espejo por última vez antes de volver a la par de la barra. Vanessa lo estaba esperando con un trago de ron con coca que estaba burbujeando. No esperaron mucho para terminar sus respectivas bebidas y como todo un caballero Antonio decide pagar la cuenta de ambos antes de salir.

- Mi apartamento no está lejos de aquí, podríamos ir en un taxi pero no tengo efectivo. ¿Qué te parece si caminamos hasta un cajero automático para tener dinero y quizá comprar la última botella de la noche? - dijo Vanessa con una sonrisa pícara dibujada en su cara.
- Cómo puedo decirle que no a tan buen plan - dijo Antonio mientras iniciaba la caminata. 

Eran cerca de la media noche y ambos se encontraban caminando por las calles citadinas tratando de evadir zonas oscuras o huecos en las aceras, especialmente porque Vanessa estaba caminando en tacones y unos pantalones de cuero ajustados los cuales no quería arruinar a causa de una caída. Antonio se sentía un poco desorientado, dentro de su mente trataba de acordarse la cantidad de tragos que consumió para justificar su embriaguez, el problema es que su memoria no se encontraba al cien por ciento. Decidió atribuirle todo al alcohol y siguió caminando por lo que se sentía como una eternidad, pero que importaba si al final del camino le esperaba un premio que no se esperaba. Poco a poco sus sentidos se fueron debilitando como si entrara en un túnel.

El sol estaba saliendo y se inmiscuía entre los edificios y comenzaba a disipar el frío de la noche. El sonido de los automóviles era cada vez más presente y no tan grato como el despertar del canto de los pájaros. Antonio sentía que su cabeza iba a explotar, como si de repente hubiesen encendido todos los interruptores en su cerebro y se forzara a funcionar una máquina oxidada. El frío viento matutino acariciaba todo su cuerpo y su piel no tardaba en mandar señales de que hacía falta algo. 

Antonio se encontraba acostado junto a un arbusto de un parque capitalino, su ropa se encontraba rota  y muchas de sus pertenencias no estaban donde debían estar.  No tenía su celular, ni su billetera, tampoco su reloj, mucho menos tenía alguna identificación para ser reconocido. Poco a poco el pánico empezó a inundar su mente tratando de comprender la situación en la que se encontraba. Luego de aterrizar forzosamente en la realidad comienza a pensar qué pasó el día anterior que lo llevó a donde está. Su último recuerdo fue salir del bar con Vanessa y luego de ahí su memoria se apaga.

R.A.Pastor

miércoles, 2 de octubre de 2019

Día 2: Mindless

Dentro de un edificio con una fachada llena de colores y con imágenes de personas llenas de felicidad y esperanza de recibir un ingreso digno por su trabajo se encuentra un laberinto de filas y columnas. Como si fuese un documento en la computadora, cada rectángulo lleno con los implementos necesarios para trabajar. Todos estructuralmente iguales, pero ninguno es igual a otro. Cada celda decorada de manera personalizada con fotos, dibujos o imágenes particulares para determinar posesión. 

Sentados en una silla ergonómicamente aceptable, se encuentran todas las personas trabajando como si fuese una colonia de hormigas del futuro. En su cuello, cada uno lleva un rectángulo de plástico con su foto y una combinación extraña de letras o números. Como si fuese un bautizo, en el momento que colocan ese rectángulo cerca de su pecho, dejan su vida anterior y abandonan sus nombres para convertirse en un número más. 

Un comportamiento muy parecido al de una secta californiana en los años sesentas, todos sienten un espíritu de pertenencia mezclado con miedo a no volver algún día. Cada persona se encuentra hipnotizada y ninguna puede despegar la mirada de la pantalla, cómo si su vida dependiese de eso. En el momento en que se sientan es cómo si la gravedad aumentara tres veces.  

¿Alguna vez han escuchado sonidos que no pertenecen al lugar donde están? Inmersos en un mar de ruido e intercambio de voces hablando por separado hay un sonido particular que parece ser extranjero pero a la vez autóctono del lugar. El ruido infecta el cuerpo y sube por la espina dorsal en forma de escalofrío, es el sonar de cadenas. ¿Pero qué hace este sonido aquí?

Cada persona es prisionera dentro de este edificio de colores. Atrapados con el falso sabor a libertad, pero es muy fácil apuntar el dedo a la gran corporación pero la realidad es que ellos no son los captores, ellos simplemente se aprovechan de la situación para generar más dinero. En cada una de las sillas se encuentra una persona encadenada a sus propios problemas económicos, vendiendo su salud mental a cambio de una riqueza digital que será sustraída al final del mes. 

¿Cuántos años de tu vida gastaste formándote para ser un profesional y lograr un título académico, sólo para terminar trabajando en un lugar que nunca fue lo que esperabas sólo para pagar las deudas estudiantiles? ¿Qué pasó con aquella pasión que te calentaba el pecho y te hacía latir el pecho más rápido? ¿Este es el trabajo que soñabas cuando eras un niño?

Estas preguntas se acumulaban dentro de la cabeza de Alex y sentía que no podía más. El ruido de personas fingiendo interés por otros, la estática tecnológica que no le importa tu día y el escalofrío generado por el sonido de cadenas imaginarias que se sentían más reales que el aire frío de la oficina, todo se juntó para crear la tormenta perfecta dentro de sus orejas. En un segundo, todo cambió. Se llegó al punto de quiebre y no había vuelta atrás.

- ¡Ya no soporto este lugar ni un minuto mas! - gritó Alex mientras se levantaba de su silla con todas las fuerzas que tenía. Trató de agarrar todas sus pertenencias con una mano mientras con la otra tiraba su rectángulo opresor. - Renuncio a esta mierda - dijo mientras caminaba hacia la salida.

En ese momento, dentro de las cuatro paredes se podía sentir como el silencio invadió el lugar y el resto de personas incrédulas no dejaban de verse entre sí, cómo si estuviesen buscando la respuesta en los ojos de sus compañeros de trabajo. Un minuto de silencio en honor a esa persona, no, a ese número que había muerto en los ojos de la compañía. Sesenta segundos después el ruido inundó el aire y parecía cómo que nada hubiese pasado. Las personas continuaron con su trabajo y la máquina siguió funcionando, estuviese Alex o no.

R.A.Pastor

martes, 1 de octubre de 2019

Día 1: Anillo

Era una tarde lluviosa, muy parecida a la del día de hoy. Daniel se encontraba sentado en un bus después de un largo día de trabajo. Las personas se encontraban amontonadas dentro de lo que parecía un horno de metal. Las ventanas se encontraban cerradas para tratar de evitar que las gotas de lluvia entraran pero en realidad estaban evitando que el calor de varias decenas de personas saliera del autobús. El conductor estaba centrado en llegar rápido a su destino mientras disfrutaba de la música antigua que emitían los parlantes. 

Daniel sólo podía pensar en llegar a la casa y disfrutar de un poco de tiempo libre y mientras el bus se acercaba a su parada se debatía si pasaba a comprar pan para tomar café con su novia. Tenía bastante tiempo de no disfrutar de pan con natilla para el café, y para él era lo único que necesitaba para continuar con su noche larga de estudios. Desde la hora del almuerzo no sabe nada de su novia Adriana, lo cual le pareció un poco raro pero quizá estaba dormida o sólo estaba ocupada con algún quehacer del apartamento. Él sabía que era uno de sus pocos días libres del trabajo entonces no se preocupó tanto y quiso sorprenderla con algo diferente para el café. 

Al bajar del bus, corrió a la panadería de la esquina para comprar la comida. Decidió comprar pan con queso y una bolsa de natilla y procuró caminar los doscientos metros que faltaban haciendo malabares con sus manos tratando de evitar que la comida se cayera o que sus zapatos no pisaran un charco de agua. A como pudo abrió el pequeño portón de su apartamento y después de dejar el paraguas en la entrada abrió la puerta para encontrarse una gran sorpresa.

El apartamento que compartía con su novia se encontraba casi limpio, pero no porque alguien hiciera el oficio sino porque parecía un apartamento nuevo sin todas las posesiones que estaban antes. Los estantes se encontraban vacíos y los muebles estaban tirados hacia una esquina. Por un momento dudó si esa era su propio hogar, ya que nada se parecía a como lo dejó en la casa antes de salir en la mañana a trabajar. Sabía que era su apartamento porque las llaves coincidían, pero parecía un apartamento listo para ser alquilado o peor aún, que ellos fueron asaltados y despojados de sus pertenencias.

En el centro de la pequeña sala se encontraba la mesa del comedor, con todas las sillas apartadas y una nota se encontraba sola en el centro. Daniel se acercó a la mesa con una cara de confusión para ver qué era lo que estaba pasando. Levantó la hoja y un objeto cayó al piso rebotando detrás de él. Inmediatamente reconoció la escritura en el papel, era la letra de Adriana con una mezcla de letras que solo su mano puede producir. 

¨ Daniel:

He pasado meses pensando en la manera de cómo decir esto, pero la verdad es que nunca tuve el valor para las palabras salieran de mi boca. Suena como un clichée pero sé que esto es más doloroso para mí que para ti. Las cosas ya no son cómo antes y poco a poco la llama se ha ido apagando. Yo entiendo que tienes mucho estrés con los temas económicos y de la boda pero eso no es razón para descuidarme de la manera que lo has hecho. 

Me siento culpable de hacer esto pero no puedo pasar un día más con este sentimiento en el pecho. Cada día vienes del trabajo cansado y lo único que puedes pensar es en el dinero que necesitamos y cuanto necesitas ahorrar para poder darme la boda que quiero, pero no te das cuenta que me quitas lo que yo más quiero de mi día a día, pasar tiempo de calidad contigo. Que estemos ahorrando dinero no significa que tengamos que cortar completamente nuestras actividades y pasar los fines de semana encerrados dentro de la casa. Extraño salir y hacer cosas diferentes pero todo tiene un valor económico para ti y prefieres pensar en tu billetera que en nuestra relación diario. 

Pensé que durante estas semanas te ibas a dar cuenta que poco a poco mis cosas estaban desapareciendo del apartamento, pero al contrario estabas tan consumido en ti mismo que no te diste cuenta. Hoy aproveché mi día libre para poder sacar el resto de mis cosas del apartamento. Con el dolor del mundo tengo que tomar esta decisión, pero yo se que es la mejor para los dos. Eventualmente la vida seguirá y te deseo lo mejor en tu vida.

- Adriana¨

Mientras terminó de leer eso, una lágrima escapó de su ojo. Una gota de incredulidad recorría su mejilla hasta entrar en su boca abierta. Daniel estaba callado. Quería gritar y expresar lo que sentía pero sentía su garganta paralizada. Su pulso se disparó y la respiración se volvió más frecuente y superficial. No podía creer lo que estaba pasando y su cuerpo solo alcanzó a buscar el primer mueble para poder sentarse. Lastimosamente, como todas estaban al lado de la sala su cuerpo colapsó en el piso. Ahí fue cuando se dio cuenta que el objeto que había caído era el anillo de compromiso de Adriana y la realidad lo golpeó para no volver a ser el mismo.

R.A.Pastor