Desde pequeños nos venden la idea de que el dragón siempre es el antagonista de todas las historias heroicas. El protagonista debe vencer su miedo y tiene que matar a la bestia que le impide llegar a su destino final. Nos comentan de como el dragón que exhala fuego es peligroso y representa la maldad que hay que vencer. Cuando uno crece se da cuenta que ese dragón tiene distintas formas y colores. Lo más complicado de todo es que esa bestia malvada no siempre parece ser tan dañina.
Una vez un dragón se convirtió en un hombre común y silvestre como cualquier otro, el problema es que ese hombre quiso intervenir dónde no le correspondía. Puso su mirada en una persona que se encontraba comprometida en una relación y sin escrúpulos ni asco decidió hacer lo posible para salirse con la suya. Su aliento de fuego se convirtió en dulces palabras que hipnotizaban los oídos y sus colmillos se transformaron en una sonrisa que invitaba al pecado.
El inicio fue como cualquier historia de lujuria, donde dos cuerpos querían conocerse en la intimidad. Preocupados únicamente por satisfacer sus fantasías para luego despedirse como desconocidos. El coqueteo podía encender un fósforo y cada día se intensificaba debido a la distancia entre los dos cuerpos. El dragón fue invitado por nuestro protagonista y el único deseo de batalla era debajo de las sábanas.
El tiempo pasó y el poder del dragón se fue debilitando, y en el momento que menos esperaba sintió el ardor de una flecha en el corazón. Ya no estaba motivado completamente por sus deseos egocéntricos y hedonistas, ahora pasaba más tiempo pensando en esa otra persona y cómo colocar una sonrisa en su boca. A pesar de tener su cuerpo desnudo encima suyo, lo único que podía pensar era sobre la mañana siguiente y que quería despertar a su lado mientras abría los ojos.
De nuevo el dragón se encontraba en una encrucijada, enamorado de una persona que no estaba disponible. Sólo podía mirar al espejo y pensaba como la historia se repetía con un giro irónico. El gran fuerte y temible dragón estaba encadenado por culpa de su propio corazón y estaba siendo vencido por el protagonista sufriendo una de las peores muertes imaginables.
R.A.Pastor
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