martes, 1 de octubre de 2019

Día 1: Anillo

Era una tarde lluviosa, muy parecida a la del día de hoy. Daniel se encontraba sentado en un bus después de un largo día de trabajo. Las personas se encontraban amontonadas dentro de lo que parecía un horno de metal. Las ventanas se encontraban cerradas para tratar de evitar que las gotas de lluvia entraran pero en realidad estaban evitando que el calor de varias decenas de personas saliera del autobús. El conductor estaba centrado en llegar rápido a su destino mientras disfrutaba de la música antigua que emitían los parlantes. 

Daniel sólo podía pensar en llegar a la casa y disfrutar de un poco de tiempo libre y mientras el bus se acercaba a su parada se debatía si pasaba a comprar pan para tomar café con su novia. Tenía bastante tiempo de no disfrutar de pan con natilla para el café, y para él era lo único que necesitaba para continuar con su noche larga de estudios. Desde la hora del almuerzo no sabe nada de su novia Adriana, lo cual le pareció un poco raro pero quizá estaba dormida o sólo estaba ocupada con algún quehacer del apartamento. Él sabía que era uno de sus pocos días libres del trabajo entonces no se preocupó tanto y quiso sorprenderla con algo diferente para el café. 

Al bajar del bus, corrió a la panadería de la esquina para comprar la comida. Decidió comprar pan con queso y una bolsa de natilla y procuró caminar los doscientos metros que faltaban haciendo malabares con sus manos tratando de evitar que la comida se cayera o que sus zapatos no pisaran un charco de agua. A como pudo abrió el pequeño portón de su apartamento y después de dejar el paraguas en la entrada abrió la puerta para encontrarse una gran sorpresa.

El apartamento que compartía con su novia se encontraba casi limpio, pero no porque alguien hiciera el oficio sino porque parecía un apartamento nuevo sin todas las posesiones que estaban antes. Los estantes se encontraban vacíos y los muebles estaban tirados hacia una esquina. Por un momento dudó si esa era su propio hogar, ya que nada se parecía a como lo dejó en la casa antes de salir en la mañana a trabajar. Sabía que era su apartamento porque las llaves coincidían, pero parecía un apartamento listo para ser alquilado o peor aún, que ellos fueron asaltados y despojados de sus pertenencias.

En el centro de la pequeña sala se encontraba la mesa del comedor, con todas las sillas apartadas y una nota se encontraba sola en el centro. Daniel se acercó a la mesa con una cara de confusión para ver qué era lo que estaba pasando. Levantó la hoja y un objeto cayó al piso rebotando detrás de él. Inmediatamente reconoció la escritura en el papel, era la letra de Adriana con una mezcla de letras que solo su mano puede producir. 

¨ Daniel:

He pasado meses pensando en la manera de cómo decir esto, pero la verdad es que nunca tuve el valor para las palabras salieran de mi boca. Suena como un clichée pero sé que esto es más doloroso para mí que para ti. Las cosas ya no son cómo antes y poco a poco la llama se ha ido apagando. Yo entiendo que tienes mucho estrés con los temas económicos y de la boda pero eso no es razón para descuidarme de la manera que lo has hecho. 

Me siento culpable de hacer esto pero no puedo pasar un día más con este sentimiento en el pecho. Cada día vienes del trabajo cansado y lo único que puedes pensar es en el dinero que necesitamos y cuanto necesitas ahorrar para poder darme la boda que quiero, pero no te das cuenta que me quitas lo que yo más quiero de mi día a día, pasar tiempo de calidad contigo. Que estemos ahorrando dinero no significa que tengamos que cortar completamente nuestras actividades y pasar los fines de semana encerrados dentro de la casa. Extraño salir y hacer cosas diferentes pero todo tiene un valor económico para ti y prefieres pensar en tu billetera que en nuestra relación diario. 

Pensé que durante estas semanas te ibas a dar cuenta que poco a poco mis cosas estaban desapareciendo del apartamento, pero al contrario estabas tan consumido en ti mismo que no te diste cuenta. Hoy aproveché mi día libre para poder sacar el resto de mis cosas del apartamento. Con el dolor del mundo tengo que tomar esta decisión, pero yo se que es la mejor para los dos. Eventualmente la vida seguirá y te deseo lo mejor en tu vida.

- Adriana¨

Mientras terminó de leer eso, una lágrima escapó de su ojo. Una gota de incredulidad recorría su mejilla hasta entrar en su boca abierta. Daniel estaba callado. Quería gritar y expresar lo que sentía pero sentía su garganta paralizada. Su pulso se disparó y la respiración se volvió más frecuente y superficial. No podía creer lo que estaba pasando y su cuerpo solo alcanzó a buscar el primer mueble para poder sentarse. Lastimosamente, como todas estaban al lado de la sala su cuerpo colapsó en el piso. Ahí fue cuando se dio cuenta que el objeto que había caído era el anillo de compromiso de Adriana y la realidad lo golpeó para no volver a ser el mismo.

R.A.Pastor



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