Con dinero en la billetera y con el corazón lleno de esperanza Antonio salió de su hogar esperando que esta noche de Jueves sea diferente a las demás. Ya han pasado un par de semanas desde que su exnovia le rompió el corazón y como uno no conoce al amor de su vida encerrado dentro de la casa tomó la decisión de salir a un bar a probar su suerte.
Antonio no estaba en edades para ir a los bares donde frecuentan los universitarios para explotar las promociones de alcohol barato, en cambio el prefería ir a un lugar donde la música no fuera tan fuerte como para poder tener una conversación decente y quizá conocer a alguien. Según las recomendaciones en línea decide ir a un nuevo bar en la capital. Eran cerca de las nueve de la noche y la música endulzaba sus oídos haciéndolo olvidar que tenía que trabajar el día siguiente.
Decide acercarse a la barra y pedir una cerveza y un trago de ron con cola y mientras el cantinero prepara su orden decide mirar como puede a las personas presentes en el lugar. El lugar estaba iluminado por una mezcla de luz blanca y un tono morado, el cual le daba la impresión de un lugar sofisticado. En vez de sillas altas de bar habían muebles de cuero sintético y estaban ocupados por personas que se vestían un poco distinto a Antonio. Lo peor de todo, es que la mayoría se encontraba emparejada.
Mientras toma su cerveza piensa que tal vez fue una mala elección de lugar y que podría tratar otro día. De repente escucha una voz junto a él pidiendo un whiskey doble y cuando vuelve a ver se encuentra a una mujer con el pelo negro como la noche y su piel blanca estaba casi cubierta por incontables tatuajes en todos colores. Antonio sintió que el tiempo se detuvo y que se le quedó mirando por horas de una manera muy incómoda.
- Vanessa - dijo ella mientras Antonio cambiaba su cara de atónito a confundido. - Mi nombre es Vanessa por si te estabas preguntando, ¿y el tuyo? - agregó.
- Antonio, mucho gusto.. Perdón por la cara de idiota yo sé que es de las peores impresiones - mencionó mientras aterrizaba en la situación.
Quizá podemos culpar a la poca experiencia reciente o tal vez a que venía saliendo de una relación y por eso no sabía cómo empezar la comunicación. Pero en el momento en que el primer obstáculo se rompe, es más que suficiente para que su personalidad salga a relucir. Vanessa decidió sentarse junto a él y seguir platicando, pequeños detalles necesarios en cada introducción para poder remover el termino de desconocidos. ¿Dónde viven? ¿En qué trabajan? ¿Qué edad tienen? ¿Qué los trae por estos rumbos? Una miríada de preguntas fueron intercambiadas durante el curso de la noche y a la par de ellos se encontraban diferentes vasos y botellas de lo que habían consumido.
- ¿No te parece mejor ir a un lugar más cómodo para terminar de conocernos? - dijo Vanessa mientras le señalaba al cantinero que los próximos iban a ser los últimos tragos.
- De acuerdo, pero primero tengo que ir al baño antes de irnos - respondió Antonio mientras se levantaba de su asiento.
Dentro del baño se miró al espejo para darse una charla sobre valor y confianza, ya que no tenía a ninguno de sus amigos para que dijeran esas mismas palabras. Cambió un par de monedas por unos preservativos, orinó en el único orinal y miró confiadamente al espejo por última vez antes de volver a la par de la barra. Vanessa lo estaba esperando con un trago de ron con coca que estaba burbujeando. No esperaron mucho para terminar sus respectivas bebidas y como todo un caballero Antonio decide pagar la cuenta de ambos antes de salir.
- Mi apartamento no está lejos de aquí, podríamos ir en un taxi pero no tengo efectivo. ¿Qué te parece si caminamos hasta un cajero automático para tener dinero y quizá comprar la última botella de la noche? - dijo Vanessa con una sonrisa pícara dibujada en su cara.
- Cómo puedo decirle que no a tan buen plan - dijo Antonio mientras iniciaba la caminata.
Eran cerca de la media noche y ambos se encontraban caminando por las calles citadinas tratando de evadir zonas oscuras o huecos en las aceras, especialmente porque Vanessa estaba caminando en tacones y unos pantalones de cuero ajustados los cuales no quería arruinar a causa de una caída. Antonio se sentía un poco desorientado, dentro de su mente trataba de acordarse la cantidad de tragos que consumió para justificar su embriaguez, el problema es que su memoria no se encontraba al cien por ciento. Decidió atribuirle todo al alcohol y siguió caminando por lo que se sentía como una eternidad, pero que importaba si al final del camino le esperaba un premio que no se esperaba. Poco a poco sus sentidos se fueron debilitando como si entrara en un túnel.
El sol estaba saliendo y se inmiscuía entre los edificios y comenzaba a disipar el frío de la noche. El sonido de los automóviles era cada vez más presente y no tan grato como el despertar del canto de los pájaros. Antonio sentía que su cabeza iba a explotar, como si de repente hubiesen encendido todos los interruptores en su cerebro y se forzara a funcionar una máquina oxidada. El frío viento matutino acariciaba todo su cuerpo y su piel no tardaba en mandar señales de que hacía falta algo.
Antonio se encontraba acostado junto a un arbusto de un parque capitalino, su ropa se encontraba rota y muchas de sus pertenencias no estaban donde debían estar. No tenía su celular, ni su billetera, tampoco su reloj, mucho menos tenía alguna identificación para ser reconocido. Poco a poco el pánico empezó a inundar su mente tratando de comprender la situación en la que se encontraba. Luego de aterrizar forzosamente en la realidad comienza a pensar qué pasó el día anterior que lo llevó a donde está. Su último recuerdo fue salir del bar con Vanessa y luego de ahí su memoria se apaga.
R.A.Pastor
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