Una vez escuché que el duelo es como tener una bola dentro de una caja cerrada. Dentro de esta caja, existe un botón de dolor, y que cada vez que la bola en su interior oprime este botón, uno sufre el duelo. Al principio el tamaño de esta esfera es tan grande que casi ocupa la totalidad del interior de dicha caja, inevitablemente con cada movimiento va a tener contacto con el botón. Pero la moraleja de esta metáfora menciona que la bola va disminuyendo de tamaño con el tiempo. Entre más pequeña, más baila dentro de la caja, pero a la vez menor es la probabilidad de que vuelva a tocar aquel botón. Existirán momentos en el cual será inevitable que colisione uno contra el otro, pero así es la vida, porque al final ese botón nunca desaparece.
Es interesante, ya que en estos últimos días he estado pensando mucho sobre esta metáfora. Quizá no es por coincidencia, tomando en cuenta que he sentido como ese botón se oprime frecuentemente. No sé si alguna vez les ha sucedido, que están realizando cualquier acción mundana de su día a día, y dentro de su cabeza terminan reviviendo una situación dolorosa. No es algo espontáneo, al contrario, es un una secuencia de ideas que te succionan dentro de un torbellino. Cuando uno menos se da cuenta se encuentra reviviendo ese momento único y especial, que permite que se abran las compuertas y entre toda la melancolía.
Existen momentos en que puedo salir a flote, y lograr que mi mente se mantenga ocupada con un hilo superfluo de ideas. Otros momentos no soy tan afortunado, ya que termino reviviendo esos momentos que más me duelen en silencio. El último abrazo, sus últimas palabras o peor aún aquella pelea que nunca resolvimos. Eso es lo más doloroso de ese botón, porque cada vez que se oprime convoca dentro de la mente las imágenes más bellas de aquello que se perdió. El dolor es auto infligido por quedarse en la tierra del pasado.
Definitivamente este año ha sido difícil para todos, con noticias negativas en cada pantalla y dolor que se escupe con cada frase. Ocho meses y no sé determinar si es la bola o la caja que está disminuyendo de tamaño. Al final no sé y creo que no me importa. Hoy no hay mensaje positivo de optimismo y una ilusión de un futuro verdadero, la realidad es que estoy exhausto manejando lo que se encuentra entre mis orejas para pensar en un mañana color rosa. Quizá no tengo optimismo, pero me sobra fuerza. El único día fácil fue ayer, y al día de hoy se puede sobrevivir.
R.A.Pastor
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