Volver a escribir es aun más difícil de lo que imaginaba, no es por jugar de grande pero menos de una década atrás podía escribir hasta tres entradas al día. Hoy llevo treinta minutos viendo a la pantalla esperando que una idea cruce mi cabeza para hacer algo que no sea mediocre. Creo que eso resume un poco mi trayecto estos últimos años, esforzándome para no convertirme en algo decepcionante.
Han sucedido tantas cosas que me han cambiado tanto para bien como para mal, y es imposible ver el mundo con aquellos lentes color rosa pensando que todo iba a ser increíble. Crecí escuchando que era un chiquito guapo, inteligente y sobresaliente para luego darme cuenta que soy una persona promedio. No saben lo difícil que fue para mi ego aceptar que era una persona común y silvestre. Para un narcisista como yo era algo complicado de procesar, pero es de esas ideas que se deben de dejar marinar por mucho tiempo.
Cuando finalmente acepté que era una persona promedio, mi vida se simplificó. Ya no tenía que matarme exigiéndome ser el mejor, ni martirizarme viendo mis imperfecciones al espejo porque quería ser el más guapo, y mucho menos dejé de presionarme intentando ser perfecto para otros. Eso no significa que a veces no tenga una recaída y que termine haciendo aquello que predico no hacer.
La he cagado tantas veces en mi vida que una vez más no me va a convertir en una peor persona, excepto claro si decido ser político, pero la verdad es que por mucho tiempo he exigido la perfección robándome la oportunidad de una vida pacifica. Nunca es malo ser un poco despreocupado y mucho menos ser promedio significa ser una decepción.
R.A.Pastor
No hay comentarios:
Publicar un comentario