sábado, 20 de abril de 2019

Noelia

Fotografía tras fotografía un constante recordatorio de que el verano llegó. Todo mundo disfrutando de la arena, el sol y más importante sobre esa pequeña escapatoria de la rutina urbana. Bueno, en realidad no todo el mundo pudo escaparse de la ciudad, una muchacha se vio forzada a quedarse en las calles capitalinas. Si mi memoria no me falla, su nombre era Noelia.

Ella volvía de un trabajo que odiaba pero le permitía costear su pequeño apartamento de dos cuartos y una cocina, y mantener una vida cómoda sin lujos pero lejos de su familia. Por este trabajo fue que no pudo disfrutar el verano fuera de la ciudad y las cadenas de la responsabilidad la ataron a pasar el fin de semana sin ver el mar. Desde la mañana trató de llamar a todos sus amigos para hacer algo en la noche, ninguno iba a dejar el sonido del mar ni el suspiro de una botella fría abriéndose por un bar medio vacío o un restaurante que cierre más temprano. 

El destino había decidido por ella y ella no lo sabía. Con el sol brillando a más no poder y sin una nube en el cielo, Noelia tomó la decisión de pasar el día con ella misma. Pasó a comprar vino barato y llegó a su apartamento sudando, deseando poder quitarse la ropa. Dejó sus pertenencias del trabajo junto a la puerta, colocó el vino en el refrigerador y comenzó a buscar música para disfrutar el momento. 

El latido de los parlantes despertaron algo que se encontraba dormido en ella, hacía mucho tiempo que no se sentía un ser sensual. Los vecinos no estaban para quejarse del volumen y ella aprovechó para que el sonido del bajo llenara todo su apartamento. Ahí estaba ella, en medio de su apartamento bailando sola, sintiendo la música y dejándose llevar por el ritmo mientras lentamente se quitaba su ropa. 

Por un momento olvidó que las cortinas de su apartamento se encontraban abiertas mientras bailaba en su ropa interior. Este era el menor de sus problemas, una pequeña recompensa después de un día difícil en el trabajo. Aunque más que un día se sentía como meses atrapada en una rutina que le robaba la felicidad. Pero con cada paso de baile decidía dejar todo atrás, cada movimiento de su cadera liberaba tensión acumulada.

Siguió hasta que la luz naranja empezó a invadir su sala y se percató que iba a anochecer. El sudor corría por su cuerpo como si estuviese escapando de la ley, sus labios secos le recordaron sobre el vino que ya debía de estar frío. Cerró las cortinas y se sentó en la cocina para beber. Mientras el frío recorría su garganta, sus músculos le recordaron que estaba cansada y por lo pegajosa que se encontraba su piel se dispuso a tomar una ducha antes de acostarse.

No necesitaba mucho para ducharse, teniendo en cuenta en que seguía en ropa interior, y caminó hacia su baño para detenerse frente al espejo. Quizá era el alcohol viajando a su cerebro o el hecho de que bailando se desconectó de la realidad pero había algo diferente en su reflejo. Físicamente todo seguía ahí. Su colección de imperfecciones seguían plasmadas en el espejo, desde sus piernas con estrías y celulitis, pasando por aquellos rollitos que se forman dependiendo de la postura, hasta por su cabello recogido en un moño alto por su funcionalidad contra el calor y para no mostrar al mundo que ya se había rendido con las puntas abiertas. 

Todo seguía estando ahí, pero a diferencia de otras veces, a Noelia no le importó. Por primera vez en mucho tiempo sonrió después de ver su reflejo y aceptó que era única. Frente al espejo se abrazó a sí misma y una lágrima escapó de su ojo. Ella sabía que tenía mucho tiempo de estar complaciendo a todos los demás menos a sí misma y perdió su amor propio en el proceso. El destino había decidido por ella, y ella no lo sabía. No sabía que esa tarde Noelia iba a recuperar su amor propio y todo por culpa de que los demás no estaban disponibles esa tarde.

R.A.Pastor

No hay comentarios:

Publicar un comentario